Los rituales

El ritual “debe” realizarse. Apropiadamente, claro: en el momento exacto, con las repeticiones exactas, de la forma exacta. De su correcta ejecución depende que la ansiedad y la incomodidad, los sentimientos de privación e ira, se mantengan alejados

K. Wapnick

Arrancados del Todo, y por lo tanto sintiéndonos carentes y culpables por creer que hemos traicionado a Dios, a la Unidad, tratamos de lidiar con la ansiedad, la depresión, la ira, el odio hacia nosotros mismos, “haciendo cualquier trato demente con el mundo” (UCDM). Identificados con el ego y habiendo olvidado nuestra verdadera identidad espiritual, estudiamos y luego trabajamos, cumplimos con los mandamientos para tener la salud y el cuerpo perfectos, seguimos los convencionalismos para socializar y mantener relaciones, buscamos formas de divertirnos o nos entregamos al ocio, luchamos por salvar el mundo, nos volvemos ascetas o libertinos. La evasión puede cobrar un sinnúmero de formas. El día a día se nos volvió ritual. Han quedado soterradas en nuestro inconsciente las razones, pues ¿de qué otra cosa sino de nublar la conciencia trata el ritual? Y más importante, ¿se puede vivir de otra manera?

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