Gestión del tiempo: El hombre gris que todos llevamos dentro

Seguramente, estarán de acuerdo conmigo en que Momo, la protagonista de uno de los libros más famosos de Michael Ende, es uno de los personajes más entrañables de la literatura juvenil. Esta pequeña nos ofrece valiosas lecciones en las que no está de más reparar de vez en cuando.  

Hoy me gustaría acudir a esa bella historia que es Momo para reflexionar acerca del tiempo. En esta novela, Momo y sus amigos se ven amenazados por la presencia de los hombres grises, unos misteriosos seres que tienen la capacidad de pasar desapercibidos y que han invadido la ciudad, convenciendo a las personas de que “ahorren su tiempo”, que no lo “pierdan”. Como consecuencia, su vida es cada vez más monótona y desangelada. Los padres y madres ya no tienen tiempo para estar con sus hijos: ya no les cuentan cuentos ni pasean con ellos.

¿Cómo es que Momo y sus amigos se enfrentaran a los hombres grises? Para saberlo tendrás que leer esta preciosa novela de Michael Ende, te aseguro que la vas a disfrutar. Pero antes de que te pongas a ello, continuemos reflexionando acerca del tiempo. ¡Qué tema tan complejo es éste! No obstante, intentemos ser prácticos en nuestro enfoque.

La verdad es que la ciudad embrujada por los hombres grises de la que nos habla Michael Ende retrata muy bien nuestra experiencia cotidiana con el tiempo. ¿Alguna vez has pensado que es mejor trabajar de prisa y dejar de lado todo lo “inútil”? ¿O que es importante hacer el máximo de trabajo en el mínimo de tiempo? Ciertamente, esto nos resulta familiar, de ahí el éxito impresionante de todos los libros, cursos y charlas dedicados a la llamada gestión del tiempo.

La gestión del tiempo posee muchos elementos nada desdeñables: nos habla de la autodisciplina, de aprender a priorizar y a detectar lo que es importante para nosotros. También nos invita a distinguir lo urgente de lo necesario.

Éstos y otros elementos de la gestión del tiempo me parecen estupendos siempre y cuando no deriven, como a veces sucede, en una cultura del exceso, que es cuando creemos que entre más hagamos mejor estamos aprovechando el tiempo. Esta confusión nos ha llevado a un apego malsano a las tareas y al hacer compulsivo lo que se refleja en las denominadas multitareas, que significa hacer de todo al mismo tiempo: responder un mensaje, oír un podcast, limpiar la casa, atender a la familia, etc., etc., etc., todo de forma simultánea.

Es desgastante, y sin embargo muchas personas se sienten orgullosas de ser buenas realizando multitareas. Ian Price, autor de Lo que bien empieza, bien acaba (Paidós), nos habla de cómo existen estudios que muestran que nuestro cerebro NO está diseñado para hacer varias actividades al mismo tiempo; esto sobre todo con tareas cognitivas complejas que requieren cierto grado de atención.

El asumir como dogmas las ideas en torno al rendimiento del tiempo nos conduce a implicarnos en un ritmo frenético que, en vez de aportar calidad y bienestar a nuestras vidas, nos deja exhaustos y bastante alienados y aturdidos.

Por esa razón, el tiempo —visto desde el ámbito de la planificación y la organización— debe tener como enfoque el que podamos sentirnos más serenos, que disfrutemos de nuestras labores y que las llevemos a cabo con una calidad que nos aporte a nosotros y a los demás. La planificación bien entendida puede conducirnos a la sencillez. ¡Y eso es buenísimo! ¿Sabes por qué? Porque en lo sencillo está la plenitud.

No soy para nada una experta en organización. Al contrario, muchas veces he tenido que recurrir a estrategias de profesionales en el tema para poner un poco de orden en mi vida. Por ello, aquí no voy a darte consejos sobre cómo gestionar mejor tu tiempo; es más, si tienes algún tip sobre ello, ¡por favor, házmelo saber!

Mi intención en estos párrafos es simplemente compartirte mi experiencia con este tema, para que no te suceda como a mí y te veas agobiado por la imposibilidad de cumplir a rajatabla con tu planificación y agenda.  Desconfía de todo sistema de organización que quiera mantenerte ocupado todas y cada una de las horas de tu vigilia.

Aunque parezca broma, he escuchado a motivadores promover el dormir menos horas que “tu competencia” para sobresalir en tu campo. ¡Que alguien les hable, por favor, de las funciones reparadoras y vitales del sueño! Por fortuna, la mayoría de métodos de organización que he conocido no apuestan por estas insensateces; es más, te dicen que debes asignar tiempo al ocio y al descanso, pero es difícil que nos tomemos en serio esto si no hemos aprendido a cuestionar lo que nuestro sistema de producción exige de nosotros y de nuestro tiempo. Digamos que en el plano consciente podemos tenerlo claro, pero es un problema cuando nuestras creencias inconscientes están todas a favor de la cultura del exceso.

Cuando experimentamos insatisfacción por toooodo lo que no estamos logrando, por lo poco que hacemos, conviene hacer una pausa —yendo en contra de todos nuestros deseos de hacer más— para interrogarnos acerca de las nociones de efectividad, producción y competitividad que la cantaleta que exalta las virtudes del trabajo nos cuenta. Todo el elogio a la velocidad y al trabajo debe ser contrarrestado con una digna apología de la lentitud y el tedio. ¡Y en realidad hay autores y filósofos que lo han hecho! De la importancia de bajar el ritmo, de darnos pausas y hasta del propósito del tiempo en un sentido más existencial, hablaremos en próximas entradas.

De momento, me gustaría sugerirte unas cuantas preguntas:

  • ¿Cuántas de las tareas que realizas en tu día a día son para ti un fin en sí mismas y no sólo medios para lograr algo más?
  • ¿Por qué crees que procrastinamos? ¿Crees que el acto de procrastinar pueda estar enviándote un mensaje acerca de ti o del trabajo al que estás abocándote?
  • ¿Cuál es la razón de ser de las tareas que ocupan la mayoría de tus días? ¿Cuáles te gustaría descartar y por qué? ¿Qué actividades pondrías en su lugar y que ahora no haces por “falta” de tiempo?
  • ¿Cómo te sientes cuando no logras cumplir con tu agenda?

Hacerme estas y otras preguntas de vez en cuando me ayuda a ser consciente de mi relación con el tiempo y los deberes. A veces, llegas a respuestas que no te gustan, pero eso es bueno, porque así puedes deshacerte de nociones que sólo te están causando intranquilidad. ¿Cuál es tu caso? ¿Será que, inadvertidamente, has pactado con tu propio hombre gris?

¡Hasta la próxima y feliz instante, mentes soñadoras!

7 sentencias de la sabiduría taoísta para elevar la mente

El taoísmo es una sabiduría milenaria que tuvo su mayor florecimiento en la China de los siglos IV y V a.C. El camino del sabio taoísta es el del perfeccionamiento individual, que incluye el cuidado de las relaciones armónicas con la naturaleza, las fuerzas cósmicas y los otros.

Este saber fue trasmitido a través de dichos, cuentos y leyendas, de los que se desprenden valiosas enseñanzas sobre la virtud  y el orden del mundo. Muchos de ellos aún se conservan en nuestra época para beneficio de quien desee prestarles oídos.

Usualmente, los antiguos practicantes del taoísmo se acogieron a la vida en soledad para alcanzar la libertad de la mente. Vivieron de forma frugal, entregados a la contemplación. Cultivando una mente sosegada y silenciosa, libre de juicios, indagaron en los misterios del principio que rige lo percibido y que existe con perfecta autosuficiencia.

TAO —de forma inexacta, como sucede con toda traducción— significa sendero, camino o vía. Es el camino de la rectitud y de la cordura. Es el principio que sustenta y rige todo lo observado y al observador mismo. Es aquello que está libre de la estructura sujeto-objeto, que implica toda precepción. Es la trascendencia de la dualidad. Es la perfecta Unicidad.

Las dos principales fuentes del taoísmo a las que tenemos accesos son el Libro de Chuang y el Tao Te Ching (generalmente, atribuido a Lao-Tse) compilaciones de dichos y sentencias. Asimismo, la cosmovisión taoísta ha quedado plasmada en numerosas leyendas y narraciones, conservadas gracias a la tradición oral.  

A continuación, 7 extractos de esta profunda enseñanza, con el el único propósito de poner a descansar a la mente e invitar al lector que se sienta llamado a ahondar más en el estudio de esta antigua tradición espiritual.  

  1. El Tao es el origen de todas las cosas. Es por él que todas las cosas alcanzan su consumación. Es por él que todas las cosas existen.
  2. Aquel que conoce suficiente no se fatiga con pensamientos de ganancia. Tomará cuenta de lo que tiene pero no tendrá ansiedad de perderlo.
  3. El Tao es como un recipiente que, siendo usado, nunca se llena. ¡Qué insondable es! ¡Como si fuera el progenitor de todo lo que existe! ¡Qué profundo es! ¡Como si fuera eterno!
  4. El sabio anhela la unidad, y prueba todo en su busca. No hace ostentación de sí mismo y en consecuencia ésta le es revelada. No se sostiene a sí mismo y de este modo se hace claramente manifiesto. No hace alardes y de este modo es exitoso. Al carecer de autoestima, obtiene el liderazgo. Justo debido a que no compite, no hay nadie que pueda competir con él.
  5. En los tiempos antiguos el hombre verdadero no se rebelaba contra la penuria, no ambicionaba el éxito, y carecía de esquemas y planes. Si cometía un error, no hacía de éste un tema de lamento vano. Cuando realizaba algo no consideraba este logro como algo especial. De modo que podría escalar cumbres sin miedo, entrar en el agua sin ahogarse y en el fuego sin ser quemado. Con un conocimiento así uno podría escalar para estar junto al Tao.
  6. La única forma de cultivar la vida consiste en purificar el Corazón y reducir el deseo.
  7. Quite el egoísmo. Atenúe su inteligencia. Venza el hábito y la obsesión. Mire más allá de todas las relaciones pero no descarte a la gente. Únase a la integridad como ilimitada. Relaje su mente. Libere su espíritu. Olvide el juicio.

Información y citas tomadas de:

Smith, D.H. (compilador y editor), Los místicos taoístas, Barcelona, Teorema, 1983.

Lieh-Tzu, Cuang-Tzu, et al., Las mejores leyendas taoístas [Roberto Curto, trad.], Buenos Aires, Longseller, 2002.

Un veneno que cura

No tengo nada,
¡Más que esta tranquilidad!
¡Este frescor!

Kobayashi Issa

La historia de nuestro nacimiento es una mera fábula. Nuestro origen es ajeno a todo tiempo y lugar. Luchar para existir, para ser. ¿Puede haber algo más extraño que eso? La razón que no se ha olvidado de que también es sentimiento se niega a aceptarlo. Si, en última instancia, todo lo que nace y muere carece de sustancia, la lucha por la supervivencia se convierte en la batalla de espejismos.  

El veneno que libremente ingerimos alcanzará su dosis exacta y se volverá sanación. Como no recuerda, Eduardo Monteverde “Los anhelos de curación y las intenciones venenosas son las mismas”. Así, todo depende del deseo, de la intención, de una voluntad que titubea. Entonces, la liberación se atisba, mas no parece duradera. No importa, sanaremos porque se trata de una elección que podemos postergar, pero no evitar.

Y entonces, no habrá más ataque, ni defensas. Ni espadas, ni escudos. El ser y el mundo ilusorios se dejarán de lado, y liberados de esos límites que nosotros mismos nos hemos impuesto, por fin iremos al encuentro de nuestro Ser, que es Uno y de todos.

La irrealidad de la desolación y la penumbra será evidente, y nuestro Universo se llenará de vivencias que de verdad son Vida. Desde nuestro ser espiritual, no habrá más mutismo, nos comunicaremos desde el corazón. Encontramos la fortaleza que creíamos perdida, pero que siempre estuvo ahí.

No negamos el sufrimiento. Lo transmutamos porque, desde el espíritu, todo queda unido: llanto y alegría, bien y mal, falso y verdadero. Ya no somos penitentes ni creemos que para vivir haya que sufrir. El tormento de un vacío que es falta, carencia, cede ante la Presencia que se derrama en esa vacuidad que no duele sino que libera, nos fusiona y nos completa.  

El compromiso más sagrado

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Ayer, mi persona favorita me dijo “No me gustan los cambios”. “¿Y a quién sí?”, pensé, pero no dije nada, pues no me parecieron palabras adecuadas para ese momento. Incluso los detractores de las rutinas, ante cambios inesperados en su vida, han llegado a experimentar abatimiento, malestar, ansiedad y, en fin, la consecuente pérdida de equilibrio que implica el recordar que, en realidad, siembre andamos sobre arenas movedizas, aunque a veces la vida nos permita olvidarlo por un rato.

¿De qué depende el que algunas personas reaccionemos mejor y otras peor ante los cambios? Muchos dirán que de eso que llamamos personalidad. Tengo mis dudas. Aunque, en general, la personalidad pude tener un importante peso en este sentido, he constatado en mí misma que ésta no es definitoria.

¿Dependerá entonces de la magnitud o naturaleza del cambio? Me parece que tampoco puedo estar de acuerdo: he colapsado ante mínimas modificaciones y me he descubierto vigorizada y valiente ante “grandes” y “dramáticos” cambio, aunque ni yo misma lo habría creído si me lo hubieran contado.

Quizá es momento de introducir en estas divagaciones una precisión: Los cambios son aquellos sucesos que consideramos que tienen lugar afuera de nosotros y el equilibrio es un estado que percibimos como interno.

Lo externo conjuga un sinfín de factores que escapan al control de nuestras individualidades. Es el terreno de la total incertidumbre, y pensándolo así, resulta algo masoquista que nos hayamos enseñado a poner la mira siempre en ese “afuera” y no en el proceso interno o, más precisamente, en la conciencia que somos y que está experimentando ese “afuera”.

Este volcarnos al exterior, tiene como consecuencia la tendencia de vivir en el mañana: tal vez mañana, cuando las cosas cambien, estemos un poco menos tristes, menos desesperados. Ante esas enseñanzas que tienen como centro el afuera y el futuro, es decir, que consiguen que nos evadamos a nosotros mismos de manera magistral, existe una sabiduría ancestral expresada de muchas formas, según la cual la realidad es AHORA y el pasado y el presente no son más que ilusiones. Una sabiduría que nos indica que, en realidad, el afuera y el adentro no son distintos.  

Sin pretender ahondar en un tema tan complejo por simple, pues a nuestra mente le gustan las pseudoverdades  retorcidas, si nos cuidamos de malentender estas enseñanzas, nos daremos cuenta de que no son, como a veces nos gustaría creer, recetas mágicas para atraer lo que siempre hemos deseado (¡y qué suerte!). Estas enseñanzas son siempre una  exhortación a que indaguemos con seriedad el funcionamiento de nuestra mente.

Y al hacer esto, comenzamos a entrever cómo la continua planificación y nuestras expectativas provienen de un apego malsano a lo exterior. O bien, dicho al revés, al mantener la firme creencia de que, cuando las cosas de “afuera” sean como yo quiero, seré feliz, no nos queda más remedio que consagrar nuestros mejores esfuerzos a que lo externo se amolde a nuestras expectativas. Pero, en esos casos, el resultado siempre será dudoso.

Está bien que sepamos qué estamos esperando ante una ola de cambios en nuestra vida y está bien que tomemos acción para que ello se consiga. No obstante, conviene que nos formulemos la siguiente pregunta: “Si el carácter caprichoso de los acontecimientos no me brinda el escenario esperado, ¿podría estar en paz con eso?”. Siendo honestos, muchos contestaríamos que no, y entonces tendríamos que cuestionarnos por qué seguimos poniendo en marcha dinámicas mentales que nos producen sufrimiento, pues cualquier falta de paz ES SUFRIMIENTO.

¿Y si por fin nos comprometemos a dejar de vivir en la inconsciencia y, a fin de cuentas, en el automaltrato? ¿Estamos lo suficientemente hartos de vivir como lo hemos hecho como para establecer un compromiso con nosotros mismos que nos conduzca de vuelta a nuestra realidad, a esa paz en la que nos reconocemos?

Las aguas que conforman el río de nuestra vida podrán moverse todo lo que quieran, pero siempre podemos comprometernos a ver en ello una oportunidad más para conocernos. Viktor E. Frankl, quien supo entender a la perfección que la psicoterapia no puede prescindir de lo espiritual, insistió en la libertad que todos tenemos respecto a dotar de sentido nuestras vidas, y ese sentido, en mi opinión, consiste en recordar la realidad de nuestro Ser.

El compromiso de permitirnos ver en cada nuevo escenario una oportunidad de autoconocimiento ha  de renovarse las veces que sea necesario. Este compromiso, que es el más sagrado que podemos hacer en nuestro paso por la tierra, vale toda perseverancia. La creencia de que podemos fallar no ha de hacer que nos abandonemos a nosotros mismos de nuevo.

Ésta es una libertad —o responsabilidad, su otra cara— que nadie nos puede quitar, pero sí podemos renunciar a ella. De hecho, continuamente lo hacemos, siendo irresponsables con nosotros mismos. Sin embargo, sin culpas y más bien con amor, retomemos el rumbo las veces que sea necesario, pues hemos de hacer prevalecer el compromiso más sagrado.

Ser y no ser en el País de las Maravillas

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El encanto de la historia y sabiduría de Alicia… me hace volver a sus páginas continuamente. El uso magistral que Lewis Carroll hace del lenguaje en esta obra posee un encanto curioso y más que curioso.

Lewis Carroll fue un inglés que vivió en la segunda mitad de siglo XIX. Fue diácono, profesor de matemáticas, escritor de libros de lógica, poesía y ficción. Un personaje peculiar. Alicia no fue su única obra de ficción, pero sí la más conocida.

Ya lo he dicho dos veces: Alicia… es un libro encantador, y lo es en varios sentidos. Es cautivador, atrayente y magnífico, pero también es una suerte de hechizo: la extrañeza producida por la característica y aparente sinrazón de algunos de sus mejores diálogos —tan demenciales como magníficos o, más bien, magníficos por demenciales— nos transporta a estadios del entendimiento que escapa a la definición precisa y sistemática. Un hechizo que transporta y que transforma. ¿Convirtiéndonos en qué? Con esta pregunta, adentrémonos de la mano de Lewis Carroll en el sueño de Alicia y a una de las preguntas fundamentales del pensamiento filosófico: en realidad, ¿quién soy?

El enigma de la identidad personal

Para mí, el recorrido de Alicia por el País de las Maravillas retrata el desenvolvimiento de nuestro andar como individuos y como especie. Igual que ella, en nuestro recorrido por un mundo de maravillas y pesadillas, cada instante, en nuestras relaciones y en nuestra soledad, en las remembranzas y en los anhelos más secretos, en nuestro decir y en nuestro actuar, en todos y cada uno de los aspectos que conforman nuestra vida, siempre, y aun cuando no lo advirtamos así, estamos dando una respuesta a la pregunta ¿quién soy?

«¡Qué extraño resulta todo hoy […] ¿Habré cambiado por la noche? Vamos a ver, ¿era la misma cuando me he levantado esta mañana? Creo que recuerdo sentirme un poco distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es: ¿entonces quién soy yo?».

Basamento de incontables transformaciones desde el nacimiento hasta la muerte, la única certeza de ese yo confuso que se pregunta acerca de sí mismo es que no sabe quién es, lo cual no deja de ser curioso y más que curioso. ¿Cómo es posible que lo que verdaderamente es deje de ser para convertirse en lo que no era, o que lo que no era haya llegado a ser?

El asombro causado por los cambios del mundo y los nuestros ha sido fiel compañero de la filosofía desde sus orígenes en Grecia. Hoy nosotros —como los griegos y como Alicia— seguimos preguntándonos: ¿quién soy? Recordemos aquel diálogo sobre el cambio y el Ser de Alicia y la Oruga:

«—¿Tú quién eres? —le preguntó […]

»—En este preciso momento, señora, no lo sé muy bien […] me temo que he cambiado varias veces […]

»—¿Qué es lo que quieres decir? —preguntó la Oruga secamente—. ¡Explícate!

»—Creo que no puedo explicarme, señora —repuso Alicia—, porque no soy yo misma, ya lo ve […] Para empezar ni siquiera yo misma lo entiendo, y además cambiar de tamaño tantas veces en un solo día resulta bastante confuso […] quizá usted no ha pasado por esto, pero cuando se convierta en crisálida, que algún día le ocurrirá, ya sabe, y después en mariposa, me figuro que se sentirá un poco extraña, ¿no cree?

»—Nada de eso —afirmó la Oruga».

¡Qué zen resultó esta oruga que tan bien acepta el asunto del devenir! Todo lo contrario a los antiguos griegos que tan anonadados quedaron con la idea del cambio que lo hicieron el centro de sus reflexiones. No obstante, gracias a esa perplejidad que los fundadores de la filosofía occidental acogieron tan seriamente, tenemos la historia que tenemos y hemos llegado a ser lo que somos. Pero ¿quiénes somos?

Nosotros sabemos que este encuentro entre la Oruga y Alicia tiene lugar en el sueño de la niña. En principio, Alicia es una durmiente que sueña. ¿Sólo eso? Difícilmente, pero quizá si Alicia hubiera experimentado la respuesta a su pregunta, hubiera despertado de su sueño en ese instante y nosotros nos hubiéramos quedado sin varias páginas de aventuras. Ahora que ha despertado, podemos preguntar nosotros: ¿quién es Alicia? ¿Quiénes somos? ¿Quién soy?

Si te gustó esta entrada, inscríbete al blog porque más adelante habrá  más de Alicia en el País de las Maravillas y de A través del espejo, así como de Lewis Carroll, quien, como ven, en su obra dio vida a las preocupaciones y temas más filosóficos o, simplemente, humanos.

Cuéntenme cuáles son sus pasajes o personajes favoritos. Y si todavía no leen esta fascinante obra de la literatura universal, ¿qué están esperando?

¡Hasta pronto y feliz instante, mentes soñadoras! ¡Prrr…!

LECTURAS RECOMENDADAS:

  • Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo de Lewis Carroll. Una edición sumamente recomendable es Alicia anotada, con comentarios de Martin Gardner. O bien Alicia en el País de las Maravillas publicado por Susaeta, de donde han sido tomadas las citas.
  • Irwin William y Richard Brian Davis (coords.), La filosofía de Alicia en el País de las Maravillas, México, Paidós, 2013. Un conjunto de ensayos dirigidos al público general. ¡Una excelente forma de introducirte a la filosofía y al mundo de Lewis Carroll!

Encuentro con Nahui Olin

Carmen Mondragón, mejor conocida como Nahui Olin, fue una mujer que desafió las costumbres y la moral de su época y sociedad para ir en pos de la libertad. Fue penada con la marginación social y tachada de ninfómana, prostituta y loca. El severo castigo que la sociedad mexicana hizo caer sobre ella conllevó a la invisibilización de su obra literaria y artística durante varias décadas. Afortunadamente, en los últimos años se ha hecho un enorme esfuerzo por recuperar su trabajo; algo más que merecido.

Tenemos un deber con todas las personas que, como Nahui, han cuestionado los estereotipos y el funcionamiento de la sociedad, pues ellas han superado limitantes y condicionamientos sociales, brindándonos inéditas posibilidades de las que ahora gozamos. Su herencia es invaluable. El esfuerzo de estas sobresalientes personalidades no debe quedar en el olvido ni menospreciarse, y por ello he decidido hacer estos Encuentros con… , que, en esta ocasión, te invitan a conocer la vida y obra de Nahui Olin.

Además de ser una artista plástica, Nahui fue autora de numerosos escritos en prosa y verso, en español y francés, que poseen un incuestionable valor literario y filosófico. Sabemos de textos que escribió cuando contaba con apenas ¡10 años de edad! Esto es, sin duda, una prueba de su vocación literaria. He aquí un fragmento de los escritos de aquella primera época como escritora:

Ahora que siento que sufro y soy sensible a todo, tengo sed de todo lo que es bello, grande y cautivador. Con un ardor extremado, una ilusión loca de juventud y de vida: quiero hacer vibrar mi cuerpo, mi espíritu hasta sus últimos sonidos…

Notamos de inmediato la expresión de una potente e inusual inteligencia que, en sus escritos, continuamente manifiesta su sentir ante lo infinito y la totalidad, pero también ante el amor y la tristeza. A cada uno de estos temas, la autora les otoroga un tratamiento filosófico de profundo calado.   

En sus relaciones amorosas, la trasgresión no dejó de estar presente, y cabe destacar que, pese a la intensidad de sus emociones, nunca aceptó ni el machismo ni la megalomanía de personalidades importantes de su tiempo con las que se involucró.

Tampoco se conformó con el papel de esposa que la sociedad tenía asignado para ella. Así, aun cuando contrajo matrimonio siendo muy joven, dio por finalizada esa relación para buscar nuevas experiencias que alimentaran su alma. Esto sin importar lo mal que podía verse el que una mujer abandonara a su esposo en aquel tiempo.

El final de sus días estuvo marcado por la pobreza y la exclusión social, desafortunadamente un hecho frecuente en todas aquellas personas que, en su anhelo de ser, optan por romper los moldes y roles sociales. Una personalidad como la de Nahui, cuya vida está atravesada por un enorme talento, por la pasión, la vulnerabilidad, la oscuridad, la rebeldía o bien es causa de una profunda admiración o de un firme rechazo, pero jamás de la indiferencia.

Ya que este espacio está dedicado a las palabras, me limito a invitarlos a que conozcan más sobre las pinturas de esta polifacética mujer. Me despido, pues, recordado algo de su prosa, en la que, de una manera tan conmovedora como cautivadora, Nahui nos dejó constancia de sus reflexiones acerca de temas como la existencia, la muerte, la creación, el sufrimiento, el amor, los celos, la decepción, la totalidad, el espíritu, la condición femenina, por mencionar sólo algunos.

SOBRE MI LÁPIDA (fragmento)

Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme; hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir.— Los gusanos no me darán fin—son los grotescos destructores de materia sin savia, y vida dan, con devorar lo ya podrido del último despojo de mi renovación.—Y la madre tierra me parirá, y naceré de nuevo, de nuevo ya para no morir…

Si deseas conocer más de la vida y obra de Carmen Mondragón, Nahui Olin —y en verdad espero que así sea—, te recomiendo los siguientes libros:

  • La compilación a cargo de Patricia Rosas Lopátegui, Nahui Olin: Sin principio ni fin. Vida, obra y varia invención (UANL, 2011), una investigación rigurosa que reconstruye la vida de Carmen Mondragón. El libro ofrece una completa recopilación de su obra y de numerosos artículos y ensayos sobre ella escritos por Elena Poniatowska, Raquel Tibol, José Emilio Pacheco, entre otros.
  • También puedes revisar a Adriana Malvido, Nahui Olin. La mujer del sol, Océano, 2017.

Si te apetece, cuéntame en los comentarios qué sabes acerca de esta mujer excepcional y si, como a mí, te gusta su trabajo. Toda opinión es bienvenida. También déjame sugerencias sobre otras personalidades que han transformado nuestro mundo y con las que te gustaría que hiciéramos un encuentro.

¡Felices lecturas, prrr…!

Manipulados para amar

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Llevemos algo del neuromarketing al ámbito de las relaciones sociales para ver cómo éste no sólo nos vuelve dóciles consumidores de productos sino también de proyectos de vida completos, pues no es casualidad que tantas personas creamos, consciente o inconscientemente, que una vida plena incluye el vínculo de pareja (preferentemente, el heterosexual).

Ciertamente, la química del amor existe. Cuando sentimos atracción por alguien, nuestro cerebro se revoluciona y se convierte en una gran celebración con fuegos artificiales conocidos como dopamina, norepinefrina y serotonina.

A partir de ese momento, nuestro comportamiento se parece mucho al de un adicto: alteraciones en el sueño y el apetito, pensamientos recurrentes acerca del ser amado, distracciones y una especie de síndrome de abstinencia cuando él o ella no está.

Por suerte, físicamente esto no dura demasiado. Sin embargo, no por ello dejamos de mostrar comportamientos compulsivos dentro de nuestras relaciones. Por ejemplo, al aferrarnos a vínculos que no están resultando sanos para nosotros.

Para poder superar una adicción debes reconocerte como un adicto, ¿cierto? Para dejar de ser un zombie del amor, debemos reconocernos como uno de ellos, y por eso a continuación dejo unas pinceladas acerca del neuromarketing y cómo puede utilizarse para vendernos el “felices por siempre”.

Zombis del amor

¿Te suena el nombre de Martin Lindstrom? Se trata de un experto del neuromarketing que ha aumentado considerablemente las arcas de marcas mundialmente conocidas gracias a sus campañas publicitarias.

En 2011, Lindstrom publicó Así se manipula al consumidor (Planeta). Mi encuentro con este libro me dejo una clara idea de lo perjudicial que es la conjunción de la tecnología, la ciencia y la falta de ética. El autor explica las principales tácticas de venta de las grandes marcas. Sin embargo, lo que quiero exponer es cómo estas estrategias también están presentes en la promoción del mejor mal acompañados que solos, ¿o cómo era?

De los canales por medio de los cuales recibimos el mensaje de que la pareja ha de ser parte de un proyecto de vida hecho y derecho, las redes sociales ocupan un lugar importante. Las figuras públicas o influencers se muestran sin reservas deleitándose en las mieles del amor. Acto seguido nuestro cerebro nos grita: “Yo también quieroooo”.

Además, las redes sociales tienen su propia versión de la clásica técnica del “boca a boca”. Cualquier usuario puede fomentar el deseo de emparejarse, como si de Arca de Noé se tratara, cuando compartimos cada detalle de lo maravilloso que es estar con nuestra pareja.  ¿Quién no ha dejado escapar uno que otro suspiro al ver a unos tortolitos en Instagram? Tengo la sospecha de que la profundidad del suspiro está estrechamente relacionada con lo lejos que nos sentimos de satisfacer el ideal.

Sin embargo, pasemos de mis sospechas a un par de datos validados que ofrece Martin Lindstrom en Así se manipula…, e intentemos pensar con ellos la forma en que la aspiración al “nosotros” se ha implantado en nuestros cerebros.

Como nos enseña Lindstrom, los cerebros en desarrollo son deliciosamente moldeables:

Empresas de todo tipo saben perfectamente que los anuncios determinan las preferencias duraderas de los niños a una edad muy temprana.

Por esta razón, la publicidad se dirige no sólo a los adultos con capacidad adquisitiva sino también a los y las niñas. Es muy simple: están fabricando hoy al consumidor de mañana. Muy astuto, ¿verdad?

Llevándolo a nuestro tema, resultan preocupantes los limitado avances en cuanto a la representación de la diversidad de los vínculos amorosos. Pese a los esfuerzos, los resultados son pobres: nuestras niñas y niños siguen recibiendo primordialmente el mensaje de que establecer una pareja convencional y heterosexual es lo más deseable y que, tarde o temprano, habrá que cumplir con ese mandato si queremos ser personas plenas y felices.

Nuestro sueño de una sociedad diversa requiere que hoy mismo empecemos a transmitir el mensaje —sobre todo a través de la visibilización y la representación en medios creativos, cuyo impacto está más que probado— de que ningún modelo relacional es por sí mismo bueno, sino que son muchas las posibilidades y que lo importante es que los vínculos se basen en principios como el respeto, la no violencia y la libertad.

Por otro lado, como buen manipulador, el neuromarketing sabe aprovechar nuestros miedos más primitivos para su beneficio:

Los anunciantes explotan los miedos a nuestros peores yoes y activan inseguridades que incluso nosotros ignorábamos.

La soledad es uno de los miedos más explotados por el marketing del amor. Se asocia el vivir en pareja con sentirnos acompañados y apoyados. Aun cuando la mayoría sabemos por experiencia que la pareja no es un mágico antídoto contra la soledad, caemos una y otra vez en la trampa de embarcarnos en un nuevo intento amoroso para mitigar nuestra sensación de soledad, muchas veces causada, precisamente, por una ruptura amorosa. Irracional, ¿no? Es el clásico “un clavo saca a otro clavo” y es un buen ejemplo de por qué nunca debemos subestimar al inconsciente.

Te aseguro que estos dos ejemplos no son los únicos de cómo los fundamentos del neuromarketing trabajan para vendernos una idea de lo que debe ser el amor. El modelo típico de pareja puede ser una opción válida. El problema es que no lo estamos experimentando así, como una opción entre otras igualmente válidas.

Más que hablar en contra de este modelo he querido mostrar los peligros de volvernos pasivos respecto a los motivadores para actuar. Si no queremos ser víctimas del lavado del cerebro del que nos habla Martin Lindstrom, empecemos por entender cómo se lleva a cabo este lavado y usemos ese conocimiento a nuestro favor; con ello, sin duda ganaremos poder y libertad en el amor y en todos los ámbitos de nuestra vida.

¡Felices lecturas, prrr…!

Los 36 libros que han marcado mi vida

Hoy, en mi cumpleaños número 36, he seleccionado los 36 escritos que más han influido en mi vida. No todos son propiamente libros. Algunos son cuentos, poemas o ensayos.

Las razones de mi elección son heterogéneas. Evidentemente, la mayoría están en la lista por su contenido y por cómo éste amplió mi perspectiva sobre el mundo. Algunos están incluidos por el rumbo que dieron a mi vida, y otros, porque representan vínculos personales. De ciertos títulos no sabría decir con exactitud por qué están incluidos, quizá por un poco de todo lo anterior.

Respecto al orden, me he decidido por el cronológico… aproximadamente. Han pasado tantos años desde que algunos de ellos estuvieron entre mis manos que no podría determinar con precisión su tiempo. Y aunque la memoria no es de fiar, aquí vamos…

  1. Matías y el pastel de fresas de José Palomo. (El primer libro que recuerdo que tuve entre las  manos).
  2. La niña menor. (El nombre del autor escapa a mi memoria. Muchas veces lo he buscado y nunca he dado con él. Me encantaría tener un ejemplar porque fue el primer libro de “grandes” —o sea, con muchas páginas– que leí y con el que descubrí que amaba la lectura.
  3. La Biblia.
  4. El diario de Ana Frank.
  5. Marianela de Benito Pérez Galdós. (Significó el 10 más fácil de mi vida académica para la asignatura de Español, además de que me hizo llorar a mares).
  6. Momo de Michael Ende. (Me hizo famosa en la escuela por “leer rápido” y muchos de mis compañeros me llamaron como la protagonista el resto de la secundaria).
  7. Los amorosos de Jaime Sabines.
  8. Las mil y una noches. (Con uno de sus cuentos maravillosos tuve mi breve incursión en el mundo de los cuentacuentos).
  9. Romeo y Julieta. (William Shakespeare no podía faltar en esta lista).
  10. Tragedias de Sófocles.
  11. El mundo de Sofía de Jostein Gaarder. (Mi encuentro con este libro se resume en un “Oh, así que de esto va la filosofía!”. Unos pocos años después iniciaba mis estudios en la licenciatura de Filosofía de la UNAM).
  12. El existencialismo es un humanismo de Jean-Paul Sartre.
  13. Niebla de Miguel de Unamuno.
  14. El hombre en busca del sentido de Viktor E. Frankl. (Más de una vez me ha devuelto la cordura, hasta donde eso es posible en mí).
  15. Los hermanos Karamázov  de Fiódor Dostoievski.
  16. Apología de Sócrates de Platón.
  17. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero de Oliver Sacks. (Entendí que temas fundamentales de la filosofía —la identidad, el conocimiento, la ética– nunca más se podrían pensar como antes debido al brutal despegue de la neurociencia).
  18. El pez de la cabeza dorada de Pilar Obon.
  19. Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.
  20. El arte de amar de Erich Fromm.
  21. Un cuarto propio de Virginia Woolf.
  22. El libro y sus orillas de Roberto Zavala. 
  23. Discurso sobre el origen y los fundamentes de la desigualdad entre los hombres de Jean-Jacques Rousseau.
  24. La filosofía de Alicia en el País de las Maravillas de Richard Brian Davis (coord.).
  25. Poética de Aristóteles.
  26. El malestar en la cultura de Sigmund Freud.
  27. El fruto de la nada de Maestro Eckhart.
  28. Filosofía y poesía de María Zambrano.
  29. La ruina de Kasch de Roberto Calasso.
  30. Frankenstein, o el moderno Prometeo de Mary Shelley
  31. Teoría King Kong de Virginie Despentes.
  32. Teoría de la mujer enferma de Johanna Hedva.
  33.  La anatomía de una enfermedad. O la voluntad de vivir de Norman Cousins. (Cambió mi perspectiva acerca de las enfermedades físicas. Cuando lo leí, Norman me estaba preparando mentalmente, sin yo saberlo, para un inesperado episodio en mi salud que tendría lugar apenas una semana después. Toda la calma que pude reunir en ese momento se la debo a ese libro).
  34. Cuando fumar era un placer de Cristina Peri Rossi (Con ese libro conocí a Cristina. Luego me deleitaría con su poesía. Además, me dio argumentos profundos y divertidos para defender mi indefendible vicio todo el tiempo que fui fumadora).
  35. El poder del ahora de Eckhart Tolle.
  36. Un curso de milagros (Nada real puede ser amenazado. / Nada irreal existe. / En esto radica la paz de Dios).

Releo la lista y de inmediato pienso “Me faltó éste. Debí incluir aquél”. Me resigno a que nunca llegaré a la lista perfecta. Mi selección ha pretendido ser poco razonada y más espontánea. Noto un vergonzoso sesgo androcéntrico y pienso que vendrán tiempos en los que el inconsciente colectivo borrará la creencia de que los buenos autores son hombres y las mujeres, con suerte, buenas lectoras.

Más allá de los títulos, en muchos sentidos, mi ENCUENTRO con la lectura ha moldeado mi vida de maneras insospechadas para la niña que pedía a su madre que OTRA VEZ le leyera Matías y el pastel de fresas y que experimentaba sentimientos imposibles de expresar ante las historias de Abraham e Isaac, Moisés, Daniel, David y Salomón. Esa niña para quien el Cantar de los canteras era ininteligible y que siempre prefirió el Evangelio de Lucas porque contaba la vida de Jesús “muy bonito”.

Y aquí estoy 36 años después y con muchos libros de por medio separándome de aquella niña que por primera vez sostuvo un libro en sus manos.

Para ti ¿qué libro no podría faltar en tu top 10, 30 o 100 de libros que marcaron tu vida? ¿Hemos coincidido  en alguno? ¿No? Bueno, hemos coincidido en este espacio y eso ya es bastante.

¡Feliz cumpleaños a mí y feliz instante para ti, mente soñadora! ¡Prrr…!