¿Y quién eres tú?

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La identidad es un tema que, ciertamente, goza de la preferencia de los autodenominados “amantes de la sabiduría”, o filósofos. Asunto por demás extenso, la identidad pertenece al ámbito de las definiciones y puede referirse a objetos, físicos o mentales pero también matemáticos o geométricos («¿Qué hace que un triángulo sea un triángulo y no, por ejemplo, un cuadrado?»).

De hecho, la lógica, rama de la filosofía, contiene entre sus principios básicos el principio de identidad, según el cual, como nos recuerdan Antonio García y Javier Aguirre en Lógica y teoría de la argumentación:

una cosa es lo que es y nada distinto de lo que es… Si una cosa es esta o aquella cosa, entonces no es otra cosa distinta que esa cosa.

No obstante, la identidad también posee una dimensión que es la que, brevemente, me gustaría abordar: la identidad personal, que tiene como centro la pregunta «¿Quién soy?», cuya respuesta, a primera vista, debería darse por descontado en nuestra vida. Sin embargo, una rápida mirada a nuestra experiencia individual y colectiva nos demuestra que no es así; por el contrario, se trata de una de las interrogantes más persistentes a lo largo del tiempo.

A continuación, quisiera citar uno de mis diálogos literarios favoritos al respecto. Lewis Carroll, en la charla que Alicia tiene con la Oruga en el País de la Maravillas, expresa esta inquietud así:

La Oruga se sacó la pipa de la boca y se dirigió a ella [a Alicia] con voz lánguida y soñolienta.

—¿Tú quién eres? —le preguntó.

—En este preciso momento, señora, no lo sé muy bien, pero sí sé, al menos, quién era esta mañana cuando me he levantado. Sin embargo, me temo que he cambiado varias veces desde entonces.

—¿Qué es lo que quieres decir? —preguntó la Oruga secamente—. ¡Explícate!

—Creo que no puedo explicarme, señora —repuso Alicia—, porque no soy yo misma, ya lo ve.

—Yo no veo nada —replicó la Oruga.

—Siento no poder explicárselo con mayor claridad —contestó Alicia muy educadamente—. Para empezar ni siquiera yo misma lo entiendo, y además cambiar de tamaño tantas veces en un solo día resulta bastante confuso.

—No es verdad —dijo la Oruga.

—Bueno, quizá usted no ha pasado por esto, pero cuando se convierta en crisálida, que algún día le ocurrirá, ya sabe, y después en mariposa, me figuro que se sentirá un poco extraña, ¿no cree?

—Nada de eso —afirmó la Oruga.

—Bueno, quizá usted sienta las cosas de forma diferente a mí, porque estoy segura de que yo sí me sentiría extraña.

—¡Tú! ¿Y quién eres tú? —comentó la Oruga con desprecio, lo que situó la conversación de nuevo en el principio.

Como Alicia y la Oruga, nosotros volvemos una y otra vez a la pregunta «¿Quién soy?». Y es que la respuesta que ha de dársele es muy personal, lo que no significa que nuestra indagación sobre la identidad debe hacerse en soledad:

La filosofía se hace siempre en primera persona. Soy yo quien tiene que plantear la primera pregunta y buscar la respuesta [Pero] es una tarea que no se puede hacer en solitario […]: filosofar es algo que hacemos siempre con otros, en un diálogo de personas que comparten la misma inquietud por explorar las fronteras de lo cotidiano que se ha convertido en problemático (García, 2010: 25).

Efectivamente, filosofamos en compañía. Pese a los clichés, el diálogo filosófico no conduce a la desolación sino que nos arranca de ella. Trasciende las limitantes espacio-temporales. Ahora mismo, mientras escribo, estoy manteniendo un diálogo contigo, futuro lector o lectora, con los autores de hace centurias, con las profesoras y con las amistades en cuya compañía he reflexionado sobre estos temas.

Ahora bien, ¿por qué la identidad se nos vuelve algo problemático? Para empezar, la problematicidad de la identidad es evidente sólo en algunos momentos o circunstancias. Es innegable que hay períodos en los que el «¿quién soy?» nos da tregua, lo que no significa que la respuesta definitivamente haya sido dada. Digamos, más bien, que la pregunta se mantiene en un estado latente. En cambio, en otros, nos sentimos apremiados a sumergirnos en esta persistente interrogante, al grado de que nuestra vida nos resulta invivible si no damos una respuesta siquiera tentativa.

En general, la identidad está asociada con la noción de mismidad: pese a los cambios algo ha de mantenerse para que una cosa siga siendo lo que es. Y nótese que digo cosa y no persona, porque en lo que se refiere a la identidad personal el asunto es más complejo. Reconocemos que en nosotros no existe una absoluta identidad, pero la discontinuidad total nos resulta inadmisible. Aquello que en nosotros permanece, si lo hay, siéndonos tan vital, es también lo que se nos escapa constantemente.

Somos seres del tiempo, cambiantes. Distintos de lo que fuimos y de lo que seremos, mas, en algún sentido, los mismos. «¿En qué consiste esa singular mismidad, que no excluye la variación, sino que se nutre de ella?», se preguntó Julián Marías hace poco menos de un siglo, como mucho antes otros se lo preguntaron, como hoy nos lo preguntamos nosotros y como se lo preguntarán las generaciones futuras. Para este filósofo, el modo de ser de la persona humana es vivir. Su identidad es imposible de aprehender, al menos en el sentido en que aprehendemos las cosas o los objetos ideales. La persona existe como pretensión, y sólo está conclusa en la muerte.

Lo cambios en nuestro entorno y en nuestras relaciones implican, asimismo, una crisis respecto a nuestra identidad. Esta dependencia de circunstancias muy variables hace de la inseguridad, de la falta de certeza, un elemento constituyente de la existencia humana. Paradójicamente, es ese mismo entorno social el que nos brinda un repertorio de creencias y usos que hacen que nuestra vida sea vivible. Mas cuando algo falla en el sistema heredado, la idea de lo que somos no puede sino verse afectada, lo que nos obliga a indagar acerca de nosotros mismos.

¿Cómo puede ayudarnos la filosofía en estos casos? Siguiendo a Roxana Kreimer, de forma resumida, el camino que recorre la filosofía consiste en 1) plantear un tema o pregunta inicial (por ejemplo, «¿quién soy realmente?»), 2) clarificar y analizar los conceptos relevantes (por ejemplo, ser, cambio, otredad, autenticidad, etc.), 3)  detectar supuestos e implicaciones lógicas («la identidad es algo fijo», «los cambios son temibles», «mi identidad depende de la percepción que otros tengan de mí»), 4) evidenciar las contradicciones en nuestro discurso (como afirmar que la identidad es inmutable y al mismo tiempo aceptar que no soy ni me siento como hace unos años ¡o días!), 5) repetir el proceso cuantas veces sea necesario. ¡Recuerda, los filósofos aman las preguntas más que las respuestas!

Por supuesto que, además, hay pensadores que han abordado el tema y dejado constancia de sus reflexiones en diversos escritos. Sin embargo, más que recurrir a ellos como si de fármacos para curar los «males» existenciales se trataran, hemos de acercarnos a ellos para mantener un diálogo, cuyas conclusiones, como ya hemos visto, siempre serán provisorias pero lo suficientemente confiables como para que, al menos en determinados momentos, el escepticismo que recae sobre nuestro verdadero ser se apacigüe y, ficciones o realidades, vivamos la vida, o dejemos que ésta nos viva, cuestión de perspectiva.

BIBLIOGRAFÍA

Carroll, L. (s/f). Alicia en el país de la maravillas. Susaeta.

García, F. (2010). Personas razonables. México: Progreso

Kreimer, R. (2002). Artes del buen vivir. Buenos Aires: Anarres

Marías, J. (1947). Introducción a la filosofía. Madrir: Manuales de la Revista de Occidente


¿Existe una filosofía náhuatl?

Miguel León Portilla fue un historiador y antropólogo mexicano que en 1956 obtuvo su tesis doctoral con un trabajo de investigación que, posteriormente, sería publicado y se convertiría  en su obra más famosa: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. En este trabajo, León-Portilla realizó una exhaustiva recopilación, traducción e interpretación de textos en náhuatl, que permitieron argüir a favor de la existencia de un pensamiento filosófico de esta ancestral cultura.

Quizá a ti, lector, lectora, te resulte extraño que haya (y siga existiendo) un debate académico sobre si es o no apropiado llamar filosofía a la sabiduría que está expresada en los cantares que han llegado a nuestro conocimiento.

Parece innegable que en esos poemas están expresadas las cuestiones más fundamentales de la filosofía: el discernimiento entre lo verdadero y lo ilusorio, lo correcto e incorrecto, la búsqueda de un principio trascendente, la posibilidad de hablar con verdad, el sentido de la existencia, etc. Aun así, las discusiones al respecto no han faltado, puesto que el acercamiento de Occidente a otras culturas, en general, se ha dado de forma problemática, e incluso colonizadora.

Hay quien niega que sea filosofía cualquier pensamiento que no posea una influencia directa del pueblo griego, a quien se le ha atribuido el origen de la filosofía. No obstante, el problema va más allá, puesto que, en el propio Occidente, al intentar definir qué ha de entenderse por filosofía, los desacuerdos no se han hecho esperar.

Dentro de la tradición occidental, algunas definiciones que se han postulado son:

  • Filosofar es preguntarse por el principio o fundamento de todas las cosas (presocráticos).
  • La búsqueda del saber libre y desinteresada (atribuido a Pitágoras).
  • Ciencia universal, rigurosa, principal y divina (Aristóteles).
  • Ciencia que se pregunta por el alcance del conocimiento humano (Kant).
  • Etcétera, y apuesto a que tú tienes tu propia concepción de lo que es.

Vista la imposibilidad de encontrar un acuerdo acerca de qué es la filosofía, podemos acudir a la pregunta de por qué surge la filosofía: ¿Qué ha motivado al ser humano a filosofar?

Cuando el ser humano se siente dudoso y desconfiado respecto a su sistema de creencias y el entorno al que dicho sistema da forma y sentido, el deseo por tener un mínimo de certidumbres que hagan la vida vivible no se hace esperar, y entonces la filosofía o, mejor aún, el filosofar se vuelve una indagación personal, sumamente activa, encausada para lograr esa estado de certeza, aun cuando sólo sea provisorio.

Así, el acto de filosofar es una reflexión acerca de lo que nos rodea, de nosotros mismos y de nuestro lugar en el mundo. Por ello, la filosofía no puede ser exclusiva de ciertas culturas o grupos. Afirmar que el cuestionamiento y las reflexiones que de éste emergen sólo valen como “filosóficas” por el hecho de presentarse de una forma sistematizada o dentro de una determinada tradición me parece empobrecer dramáticamente el concepto de filosofía. Incluso, cabe preguntarse desde qué lugar se puede negar a un pueblo esta sabiduría y, sobre todo, con qué fin.

En este tipo de debates, es común escuchar que el pensamiento filosófico se aleja completamente del mito y de lo religioso y que se vale exclusivamente de la razón en su quehacer. Y dado que la sabiduría náhuatl está plagada de metáforas y expresada en forma de poesía, quedaría fuera de lo considerado filosofía. Una vez más, mi punto de vista es que pensar que no hay razón en el mito o lo religioso es pecar de ceguera. Y viceversa, ¿acaso no es la ciencia, la razón y su método otro conjunto de ideas que hemos aceptado para organizar y dar sentido a nuestra vida, pero que, en última instancia, son imposibles de demostrar y justificar? Como vemos, los límites entre el mito y lo racional son borrosos.

La razón misma es un mito, y no existe parámetro objetivo para afirmar la superioridad de un sistema de creencias o métodos con respecto a otros. En nuestro conocimiento e interpretación del mundo, la lógica y la razón no son  opuestos a los mitos, cuentos, fábulas y poemas, sino complementarios. Y así lo atestigua el pensamiento de Platón, en el que la filosofía alcanzó alturas insospechadas.

Sin duda los sabios nahuas (tlamatinime) sintieron la urgencia de explicarse el acontecer de las cosas y se cuestionaron acerca de su valor. Por medio de cantos, ellos plantearon la problematicidad del mundo y del ser humano. Expresaron una profunda inquietud acerca del ser origen y destino del cosmos y de la humanidad.

Hay testimonio de una compleja y riquísima cosmogonía, que busca dar cuenta del universo, de su unidad y equilibrio, así como del principio que lo rige. Se ocuparon de la divinidad, entendida como el origen y fundamento de todo lo que existe. También del destino y su influencia en la vida de las personas. Finalmente, desarrollaron una interesantísima concepción del ser humano (que, a su entender, es rostro y corazón); es decir, especularon acerca de nuestra naturaleza y del sentido de nuestra existencia en la tierra.

Para finalizar, te comparto este bello canto para que tú mismo contestes a la pregunta de si existe o no una filosofía náhuatl.

Elevo mi llanto,

me aflijo.

Recuerdo que hemos de dejar las bellas flores,

los hermosos cantos.

Aún regocijémonos, aún cantemos,

nos vamos del todo,

nos perdemos allá en su casa.

¿Acaso saben algo nuestros amigos?

Se duele mi corazón,

se irrita,

no se nace dos veces,

no se es dos veces niño,

nos vamos de la tierra.

Todavía un momento más junto a la gente.

Ya aquí, a su lado, nunca se estará.

Nunca estaré alegre.

Nunca estaré contento.

Sólo das eso, desatas tus jades,

ya se entrelazan tus plumas preciosas,

Los tocados de flores color de ave zacuan,

sólo los das a los príncipes.

Variadas flores han hecho envoltorio de muerte,

cubren con plumas mi corazón.

Luego ya lloro, voy a la presencia de nuestra madre Santa María.1

Sólo digo al Dador de la vida:

no te disgustes,

no te hagas del rogar en la tierra;

ojalá pudiéramos vivir junto a ti,

sólo en tu casa, en el interior del cielo.

¿Acaso algo verdadero digo aquí,

Dador de la vida? Sólo soñamos,

sólo hemos venido a levantarnos con premura del sueño;

lo digo en la tierra,

a nadie podemos decírselo aquí.

Aun cuando sean jades, piedras pulidas,

tal vez para el Dador de la vida,

aquí a nadie podemos decirlo.

Para conocer algunos detalles interesantes de la lengua náhuatl y sus bellos vocablos te invito a ver la entrada Estudia conmigo palabras en náhuatl.

¡Felices lecturas y hasta la próxima!

NOTAS

1 Las palabras Santa María se encuentran testadas en el manuscrito, producto de las lamentables interpolaciones cristianas en los textos encontrados.

BIBLIOGRAFÍA

Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl, México, UNAM/Instituto de Investigaciones Históricas, 1993.

_______ (ed.), Cantares mexicanos, t. 1, México, UNAM, 2011.

Rostro y corazón en la filosofía náhuatl

Ante las posibilidades de comunicación actuales, ¿realmente nos sentimos en contacto con los otros? ¿Por qué la desolación y el aislamiento se ven tan acentuados? ¿Qué retos enfrentamos ante la virtualización de nuestras relaciones? ¿Existe la posibilidad de un verdadero reconocimiento de la otredad en las nuevas circunstancias?

Sobre esto y más hablamos en este episodio de Sueños de Tinta titulado Rostro y corazón en la filosofía náhuatl. Disponible en iVoox y Spotifiy.

¡Saludos y hasta la próxima!

Sobre el método socrático – Filosofía en la Red

El diálogo socrático posee también un aspecto que podríamos calificar de constructivo, en tanto que ese saber que no se sabe, es decir, la conciencia de la propia ignorancia, se convierte en punto de partida para una indagación que “dará a luz” a nuevas ideas.

Si quieres saber más sobre este tema propio de la filosofía de la filosofía, o metafilosofía, te invito a que veas la siguiente reflexión que se publicó en Filosofía en la Red, y que he titulado Por “El camino de la interrogación”

¡Feliz lectura, mentes soñadoras!

7 sentencias de la sabiduría taoísta para elevar la mente

El taoísmo es una sabiduría milenaria que tuvo su mayor florecimiento en la China de los siglos IV y V a.C. El camino del sabio taoísta es el del perfeccionamiento individual, que incluye el cuidado de las relaciones armónicas con la naturaleza, las fuerzas cósmicas y los otros.

Este saber fue trasmitido a través de dichos, cuentos y leyendas, de los que se desprenden valiosas enseñanzas sobre la virtud  y el orden del mundo. Muchos de ellos aún se conservan en nuestra época para beneficio de quien desee prestarles oídos.

Usualmente, los antiguos practicantes del taoísmo se acogieron a la vida en soledad para alcanzar la libertad de la mente. Vivieron de forma frugal, entregados a la contemplación. Cultivando una mente sosegada y silenciosa, libre de juicios, indagaron en los misterios del principio que rige lo percibido y que existe con perfecta autosuficiencia.

TAO —de forma inexacta, como sucede con toda traducción— significa sendero, camino o vía. Es el camino de la rectitud y de la cordura. Es el principio que sustenta y rige todo lo observado y al observador mismo. Es aquello que está libre de la estructura sujeto-objeto, que implica toda precepción. Es la trascendencia de la dualidad. Es la perfecta Unicidad.

Las dos principales fuentes del taoísmo a las que tenemos accesos son el Libro de Chuang y el Tao Te Ching (generalmente, atribuido a Lao-Tse) compilaciones de dichos y sentencias. Asimismo, la cosmovisión taoísta ha quedado plasmada en numerosas leyendas y narraciones, conservadas gracias a la tradición oral.  

A continuación, 7 extractos de esta profunda enseñanza, con el el único propósito de poner a descansar a la mente e invitar al lector que se sienta llamado a ahondar más en el estudio de esta antigua tradición espiritual.  

  1. El Tao es el origen de todas las cosas. Es por él que todas las cosas alcanzan su consumación. Es por él que todas las cosas existen.
  2. Aquel que conoce suficiente no se fatiga con pensamientos de ganancia. Tomará cuenta de lo que tiene pero no tendrá ansiedad de perderlo.
  3. El Tao es como un recipiente que, siendo usado, nunca se llena. ¡Qué insondable es! ¡Como si fuera el progenitor de todo lo que existe! ¡Qué profundo es! ¡Como si fuera eterno!
  4. El sabio anhela la unidad, y prueba todo en su busca. No hace ostentación de sí mismo y en consecuencia ésta le es revelada. No se sostiene a sí mismo y de este modo se hace claramente manifiesto. No hace alardes y de este modo es exitoso. Al carecer de autoestima, obtiene el liderazgo. Justo debido a que no compite, no hay nadie que pueda competir con él.
  5. En los tiempos antiguos el hombre verdadero no se rebelaba contra la penuria, no ambicionaba el éxito, y carecía de esquemas y planes. Si cometía un error, no hacía de éste un tema de lamento vano. Cuando realizaba algo no consideraba este logro como algo especial. De modo que podría escalar cumbres sin miedo, entrar en el agua sin ahogarse y en el fuego sin ser quemado. Con un conocimiento así uno podría escalar para estar junto al Tao.
  6. La única forma de cultivar la vida consiste en purificar el Corazón y reducir el deseo.
  7. Quite el egoísmo. Atenúe su inteligencia. Venza el hábito y la obsesión. Mire más allá de todas las relaciones pero no descarte a la gente. Únase a la integridad como ilimitada. Relaje su mente. Libere su espíritu. Olvide el juicio.

Información y citas tomadas de:

Smith, D.H. (compilador y editor), Los místicos taoístas, Barcelona, Teorema, 1983.

Lieh-Tzu, Cuang-Tzu, et al., Las mejores leyendas taoístas [Roberto Curto, trad.], Buenos Aires, Longseller, 2002.

Ser y no ser en el País de las Maravillas

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El encanto de la historia y sabiduría de Alicia… me hace volver a sus páginas continuamente. El uso magistral que Lewis Carroll hace del lenguaje en esta obra posee un encanto curioso y más que curioso.

Lewis Carroll fue un inglés que vivió en la segunda mitad de siglo XIX. Fue diácono, profesor de matemáticas, escritor de libros de lógica, poesía y ficción. Un personaje peculiar. Alicia no fue su única obra de ficción, pero sí la más conocida.

Ya lo he dicho dos veces: Alicia… es un libro encantador, y lo es en varios sentidos. Es cautivador, atrayente y magnífico, pero también es una suerte de hechizo: la extrañeza producida por la característica y aparente sinrazón de algunos de sus mejores diálogos —tan demenciales como magníficos o, más bien, magníficos por demenciales— nos transporta a estadios del entendimiento que escapa a la definición precisa y sistemática. Un hechizo que transporta y que transforma. ¿Convirtiéndonos en qué? Con esta pregunta, adentrémonos de la mano de Lewis Carroll en el sueño de Alicia y a una de las preguntas fundamentales del pensamiento filosófico: en realidad, ¿quién soy?

El enigma de la identidad personal

Para mí, el recorrido de Alicia por el País de las Maravillas retrata el desenvolvimiento de nuestro andar como individuos y como especie. Igual que ella, en nuestro recorrido por un mundo de maravillas y pesadillas, cada instante, en nuestras relaciones y en nuestra soledad, en las remembranzas y en los anhelos más secretos, en nuestro decir y en nuestro actuar, en todos y cada uno de los aspectos que conforman nuestra vida, siempre, y aun cuando no lo advirtamos así, estamos dando una respuesta a la pregunta ¿quién soy?

«¡Qué extraño resulta todo hoy […] ¿Habré cambiado por la noche? Vamos a ver, ¿era la misma cuando me he levantado esta mañana? Creo que recuerdo sentirme un poco distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es: ¿entonces quién soy yo?».

Basamento de incontables transformaciones desde el nacimiento hasta la muerte, la única certeza de ese yo confuso que se pregunta acerca de sí mismo es que no sabe quién es, lo cual no deja de ser curioso y más que curioso. ¿Cómo es posible que lo que verdaderamente es deje de ser para convertirse en lo que no era, o que lo que no era haya llegado a ser?

El asombro causado por los cambios del mundo y los nuestros ha sido fiel compañero de la filosofía desde sus orígenes en Grecia. Hoy nosotros —como los griegos y como Alicia— seguimos preguntándonos: ¿quién soy? Recordemos aquel diálogo sobre el cambio y el Ser de Alicia y la Oruga:

«—¿Tú quién eres? —le preguntó […]

»—En este preciso momento, señora, no lo sé muy bien […] me temo que he cambiado varias veces […]

»—¿Qué es lo que quieres decir? —preguntó la Oruga secamente—. ¡Explícate!

»—Creo que no puedo explicarme, señora —repuso Alicia—, porque no soy yo misma, ya lo ve […] Para empezar ni siquiera yo misma lo entiendo, y además cambiar de tamaño tantas veces en un solo día resulta bastante confuso […] quizá usted no ha pasado por esto, pero cuando se convierta en crisálida, que algún día le ocurrirá, ya sabe, y después en mariposa, me figuro que se sentirá un poco extraña, ¿no cree?

»—Nada de eso —afirmó la Oruga».

¡Qué zen resultó esta oruga que tan bien acepta el asunto del devenir! Todo lo contrario a los antiguos griegos que tan anonadados quedaron con la idea del cambio que lo hicieron el centro de sus reflexiones. No obstante, gracias a esa perplejidad que los fundadores de la filosofía occidental acogieron tan seriamente, tenemos la historia que tenemos y hemos llegado a ser lo que somos. Pero ¿quiénes somos?

Nosotros sabemos que este encuentro entre la Oruga y Alicia tiene lugar en el sueño de la niña. En principio, Alicia es una durmiente que sueña. ¿Sólo eso? Difícilmente, pero quizá si Alicia hubiera experimentado la respuesta a su pregunta, hubiera despertado de su sueño en ese instante y nosotros nos hubiéramos quedado sin varias páginas de aventuras. Ahora que ha despertado, podemos preguntar nosotros: ¿quién es Alicia? ¿Quiénes somos? ¿Quién soy?

Si te gustó esta entrada, inscríbete al blog porque más adelante habrá  más de Alicia en el País de las Maravillas y de A través del espejo, así como de Lewis Carroll, quien, como ven, en su obra dio vida a las preocupaciones y temas más filosóficos o, simplemente, humanos.

Cuéntenme cuáles son sus pasajes o personajes favoritos. Y si todavía no leen esta fascinante obra de la literatura universal, ¿qué están esperando?

¡Hasta pronto y feliz instante, mentes soñadoras! ¡Prrr…!

LECTURAS RECOMENDADAS:

  • Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo de Lewis Carroll. Una edición sumamente recomendable es Alicia anotada, con comentarios de Martin Gardner. O bien Alicia en el País de las Maravillas publicado por Susaeta, de donde han sido tomadas las citas.
  • Irwin William y Richard Brian Davis (coords.), La filosofía de Alicia en el País de las Maravillas, México, Paidós, 2013. Un conjunto de ensayos dirigidos al público general. ¡Una excelente forma de introducirte a la filosofía y al mundo de Lewis Carroll!