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¿Y quién eres tú?

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La identidad es un tema que, ciertamente, goza de la preferencia de los autodenominados “amantes de la sabiduría”, o filósofos. Asunto por demás extenso, la identidad pertenece al ámbito de las definiciones y puede referirse a objetos, físicos o mentales pero también matemáticos o geométricos («¿Qué hace que un triángulo sea un triángulo y no, por ejemplo, un cuadrado?»).

De hecho, la lógica, rama de la filosofía, contiene entre sus principios básicos el principio de identidad, según el cual, como nos recuerdan Antonio García y Javier Aguirre en Lógica y teoría de la argumentación:

una cosa es lo que es y nada distinto de lo que es… Si una cosa es esta o aquella cosa, entonces no es otra cosa distinta que esa cosa.

No obstante, la identidad también posee una dimensión que es la que, brevemente, me gustaría abordar: la identidad personal, que tiene como centro la pregunta «¿Quién soy?», cuya respuesta, a primera vista, debería darse por descontado en nuestra vida. Sin embargo, una rápida mirada a nuestra experiencia individual y colectiva nos demuestra que no es así; por el contrario, se trata de una de las interrogantes más persistentes a lo largo del tiempo.

A continuación, quisiera citar uno de mis diálogos literarios favoritos al respecto. Lewis Carroll, en la charla que Alicia tiene con la Oruga en el País de la Maravillas, expresa esta inquietud así:

La Oruga se sacó la pipa de la boca y se dirigió a ella [a Alicia] con voz lánguida y soñolienta.

—¿Tú quién eres? —le preguntó.

—En este preciso momento, señora, no lo sé muy bien, pero sí sé, al menos, quién era esta mañana cuando me he levantado. Sin embargo, me temo que he cambiado varias veces desde entonces.

—¿Qué es lo que quieres decir? —preguntó la Oruga secamente—. ¡Explícate!

—Creo que no puedo explicarme, señora —repuso Alicia—, porque no soy yo misma, ya lo ve.

—Yo no veo nada —replicó la Oruga.

—Siento no poder explicárselo con mayor claridad —contestó Alicia muy educadamente—. Para empezar ni siquiera yo misma lo entiendo, y además cambiar de tamaño tantas veces en un solo día resulta bastante confuso.

—No es verdad —dijo la Oruga.

—Bueno, quizá usted no ha pasado por esto, pero cuando se convierta en crisálida, que algún día le ocurrirá, ya sabe, y después en mariposa, me figuro que se sentirá un poco extraña, ¿no cree?

—Nada de eso —afirmó la Oruga.

—Bueno, quizá usted sienta las cosas de forma diferente a mí, porque estoy segura de que yo sí me sentiría extraña.

—¡Tú! ¿Y quién eres tú? —comentó la Oruga con desprecio, lo que situó la conversación de nuevo en el principio.

Como Alicia y la Oruga, nosotros volvemos una y otra vez a la pregunta «¿Quién soy?». Y es que la respuesta que ha de dársele es muy personal, lo que no significa que nuestra indagación sobre la identidad debe hacerse en soledad:

La filosofía se hace siempre en primera persona. Soy yo quien tiene que plantear la primera pregunta y buscar la respuesta [Pero] es una tarea que no se puede hacer en solitario […]: filosofar es algo que hacemos siempre con otros, en un diálogo de personas que comparten la misma inquietud por explorar las fronteras de lo cotidiano que se ha convertido en problemático (García, 2010: 25).

Efectivamente, filosofamos en compañía. Pese a los clichés, el diálogo filosófico no conduce a la desolación sino que nos arranca de ella. Trasciende las limitantes espacio-temporales. Ahora mismo, mientras escribo, estoy manteniendo un diálogo contigo, futuro lector o lectora, con los autores de hace centurias, con las profesoras y con las amistades en cuya compañía he reflexionado sobre estos temas.

Ahora bien, ¿por qué la identidad se nos vuelve algo problemático? Para empezar, la problematicidad de la identidad es evidente sólo en algunos momentos o circunstancias. Es innegable que hay períodos en los que el «¿quién soy?» nos da tregua, lo que no significa que la respuesta definitivamente haya sido dada. Digamos, más bien, que la pregunta se mantiene en un estado latente. En cambio, en otros, nos sentimos apremiados a sumergirnos en esta persistente interrogante, al grado de que nuestra vida nos resulta invivible si no damos una respuesta siquiera tentativa.

En general, la identidad está asociada con la noción de mismidad: pese a los cambios algo ha de mantenerse para que una cosa siga siendo lo que es. Y nótese que digo cosa y no persona, porque en lo que se refiere a la identidad personal el asunto es más complejo. Reconocemos que en nosotros no existe una absoluta identidad, pero la discontinuidad total nos resulta inadmisible. Aquello que en nosotros permanece, si lo hay, siéndonos tan vital, es también lo que se nos escapa constantemente.

Somos seres del tiempo, cambiantes. Distintos de lo que fuimos y de lo que seremos, mas, en algún sentido, los mismos. «¿En qué consiste esa singular mismidad, que no excluye la variación, sino que se nutre de ella?», se preguntó Julián Marías hace poco menos de un siglo, como mucho antes otros se lo preguntaron, como hoy nos lo preguntamos nosotros y como se lo preguntarán las generaciones futuras. Para este filósofo, el modo de ser de la persona humana es vivir. Su identidad es imposible de aprehender, al menos en el sentido en que aprehendemos las cosas o los objetos ideales. La persona existe como pretensión, y sólo está conclusa en la muerte.

Lo cambios en nuestro entorno y en nuestras relaciones implican, asimismo, una crisis respecto a nuestra identidad. Esta dependencia de circunstancias muy variables hace de la inseguridad, de la falta de certeza, un elemento constituyente de la existencia humana. Paradójicamente, es ese mismo entorno social el que nos brinda un repertorio de creencias y usos que hacen que nuestra vida sea vivible. Mas cuando algo falla en el sistema heredado, la idea de lo que somos no puede sino verse afectada, lo que nos obliga a indagar acerca de nosotros mismos.

¿Cómo puede ayudarnos la filosofía en estos casos? Siguiendo a Roxana Kreimer, de forma resumida, el camino que recorre la filosofía consiste en 1) plantear un tema o pregunta inicial (por ejemplo, «¿quién soy realmente?»), 2) clarificar y analizar los conceptos relevantes (por ejemplo, ser, cambio, otredad, autenticidad, etc.), 3)  detectar supuestos e implicaciones lógicas («la identidad es algo fijo», «los cambios son temibles», «mi identidad depende de la percepción que otros tengan de mí»), 4) evidenciar las contradicciones en nuestro discurso (como afirmar que la identidad es inmutable y al mismo tiempo aceptar que no soy ni me siento como hace unos años ¡o días!), 5) repetir el proceso cuantas veces sea necesario. ¡Recuerda, los filósofos aman las preguntas más que las respuestas!

Por supuesto que, además, hay pensadores que han abordado el tema y dejado constancia de sus reflexiones en diversos escritos. Sin embargo, más que recurrir a ellos como si de fármacos para curar los «males» existenciales se trataran, hemos de acercarnos a ellos para mantener un diálogo, cuyas conclusiones, como ya hemos visto, siempre serán provisorias pero lo suficientemente confiables como para que, al menos en determinados momentos, el escepticismo que recae sobre nuestro verdadero ser se apacigüe y, ficciones o realidades, vivamos la vida, o dejemos que ésta nos viva, cuestión de perspectiva.

BIBLIOGRAFÍA

Carroll, L. (s/f). Alicia en el país de la maravillas. Susaeta.

García, F. (2010). Personas razonables. México: Progreso

Kreimer, R. (2002). Artes del buen vivir. Buenos Aires: Anarres

Marías, J. (1947). Introducción a la filosofía. Madrir: Manuales de la Revista de Occidente


Lengua náhuatl

Compartida por distintos pueblos del ahora llamado Valle de México y sus alrededores (aztecas, tezcocanos, cholultecas y tlaxcaltecas), la lengua náhuatl está plagada vocablos con una carga simbólica que transmite una riquísima concepción metafísica, antropológica y ética. Como comenta, Miguel León Portilla, en su Filosofía náhuatl, se trata de un idioma que es un verdadero prodigio de ingeniería lingüística.

Marcelino Montero, en su Diccionario español-náhuatl, nos explica que la escritura en esta cultura se dio a través de pictogramas (representación directa de algo), ideogramas (representación simbólica; por ejemplo, dibujar el sol para aludir a un dios) y fonogramas (vinculación de dibujos para, a partir de su raíz, formar un nombre).

No fue sino hasta la conquista cuando se comenzó a utilizar el alfabeto castellano para la escritura náhuatl. Así es como han llegado hasta nosotros una serie de vocablos con rasgos acústicos que, para mí, es un placer escuchar.

¡Hasta la próxima!

¿Existe una filosofía náhuatl?

Miguel León Portilla fue un historiador y antropólogo mexicano que en 1956 obtuvo su tesis doctoral con un trabajo de investigación que, posteriormente, sería publicado y se convertiría  en su obra más famosa: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. En este trabajo, León-Portilla realizó una exhaustiva recopilación, traducción e interpretación de textos en náhuatl, que permitieron argüir a favor de la existencia de un pensamiento filosófico de esta ancestral cultura.

Quizá a ti, lector, lectora, te resulte extraño que haya (y siga existiendo) un debate académico sobre si es o no apropiado llamar filosofía a la sabiduría que está expresada en los cantares que han llegado a nuestro conocimiento.

Parece innegable que en esos poemas están expresadas las cuestiones más fundamentales de la filosofía: el discernimiento entre lo verdadero y lo ilusorio, lo correcto e incorrecto, la búsqueda de un principio trascendente, la posibilidad de hablar con verdad, el sentido de la existencia, etc. Aun así, las discusiones al respecto no han faltado, puesto que el acercamiento de Occidente a otras culturas, en general, se ha dado de forma problemática, e incluso colonizadora.

Hay quien niega que sea filosofía cualquier pensamiento que no posea una influencia directa del pueblo griego, a quien se le ha atribuido el origen de la filosofía. No obstante, el problema va más allá, puesto que, en el propio Occidente, al intentar definir qué ha de entenderse por filosofía, los desacuerdos no se han hecho esperar.

Dentro de la tradición occidental, algunas definiciones que se han postulado son:

  • Filosofar es preguntarse por el principio o fundamento de todas las cosas (presocráticos).
  • La búsqueda del saber libre y desinteresada (atribuido a Pitágoras).
  • Ciencia universal, rigurosa, principal y divina (Aristóteles).
  • Ciencia que se pregunta por el alcance del conocimiento humano (Kant).
  • Etcétera, y apuesto a que tú tienes tu propia concepción de lo que es.

Vista la imposibilidad de encontrar un acuerdo acerca de qué es la filosofía, podemos acudir a la pregunta de por qué surge la filosofía: ¿Qué ha motivado al ser humano a filosofar?

Cuando el ser humano se siente dudoso y desconfiado respecto a su sistema de creencias y el entorno al que dicho sistema da forma y sentido, el deseo por tener un mínimo de certidumbres que hagan la vida vivible no se hace esperar, y entonces la filosofía o, mejor aún, el filosofar se vuelve una indagación personal, sumamente activa, encausada para lograr esa estado de certeza, aun cuando sólo sea provisorio.

Así, el acto de filosofar es una reflexión acerca de lo que nos rodea, de nosotros mismos y de nuestro lugar en el mundo. Por ello, la filosofía no puede ser exclusiva de ciertas culturas o grupos. Afirmar que el cuestionamiento y las reflexiones que de éste emergen sólo valen como “filosóficas” por el hecho de presentarse de una forma sistematizada o dentro de una determinada tradición me parece empobrecer dramáticamente el concepto de filosofía. Incluso, cabe preguntarse desde qué lugar se puede negar a un pueblo esta sabiduría y, sobre todo, con qué fin.

En este tipo de debates, es común escuchar que el pensamiento filosófico se aleja completamente del mito y de lo religioso y que se vale exclusivamente de la razón en su quehacer. Y dado que la sabiduría náhuatl está plagada de metáforas y expresada en forma de poesía, quedaría fuera de lo considerado filosofía. Una vez más, mi punto de vista es que pensar que no hay razón en el mito o lo religioso es pecar de ceguera. Y viceversa, ¿acaso no es la ciencia, la razón y su método otro conjunto de ideas que hemos aceptado para organizar y dar sentido a nuestra vida, pero que, en última instancia, son imposibles de demostrar y justificar? Como vemos, los límites entre el mito y lo racional son borrosos.

La razón misma es un mito, y no existe parámetro objetivo para afirmar la superioridad de un sistema de creencias o métodos con respecto a otros. En nuestro conocimiento e interpretación del mundo, la lógica y la razón no son  opuestos a los mitos, cuentos, fábulas y poemas, sino complementarios. Y así lo atestigua el pensamiento de Platón, en el que la filosofía alcanzó alturas insospechadas.

Sin duda los sabios nahuas (tlamatinime) sintieron la urgencia de explicarse el acontecer de las cosas y se cuestionaron acerca de su valor. Por medio de cantos, ellos plantearon la problematicidad del mundo y del ser humano. Expresaron una profunda inquietud acerca del ser origen y destino del cosmos y de la humanidad.

Hay testimonio de una compleja y riquísima cosmogonía, que busca dar cuenta del universo, de su unidad y equilibrio, así como del principio que lo rige. Se ocuparon de la divinidad, entendida como el origen y fundamento de todo lo que existe. También del destino y su influencia en la vida de las personas. Finalmente, desarrollaron una interesantísima concepción del ser humano (que, a su entender, es rostro y corazón); es decir, especularon acerca de nuestra naturaleza y del sentido de nuestra existencia en la tierra.

Para finalizar, te comparto este bello canto para que tú mismo contestes a la pregunta de si existe o no una filosofía náhuatl.

Elevo mi llanto,

me aflijo.

Recuerdo que hemos de dejar las bellas flores,

los hermosos cantos.

Aún regocijémonos, aún cantemos,

nos vamos del todo,

nos perdemos allá en su casa.

¿Acaso saben algo nuestros amigos?

Se duele mi corazón,

se irrita,

no se nace dos veces,

no se es dos veces niño,

nos vamos de la tierra.

Todavía un momento más junto a la gente.

Ya aquí, a su lado, nunca se estará.

Nunca estaré alegre.

Nunca estaré contento.

Sólo das eso, desatas tus jades,

ya se entrelazan tus plumas preciosas,

Los tocados de flores color de ave zacuan,

sólo los das a los príncipes.

Variadas flores han hecho envoltorio de muerte,

cubren con plumas mi corazón.

Luego ya lloro, voy a la presencia de nuestra madre Santa María.1

Sólo digo al Dador de la vida:

no te disgustes,

no te hagas del rogar en la tierra;

ojalá pudiéramos vivir junto a ti,

sólo en tu casa, en el interior del cielo.

¿Acaso algo verdadero digo aquí,

Dador de la vida? Sólo soñamos,

sólo hemos venido a levantarnos con premura del sueño;

lo digo en la tierra,

a nadie podemos decírselo aquí.

Aun cuando sean jades, piedras pulidas,

tal vez para el Dador de la vida,

aquí a nadie podemos decirlo.

Para conocer algunos detalles interesantes de la lengua náhuatl y sus bellos vocablos te invito a ver la entrada Estudia conmigo palabras en náhuatl.

¡Felices lecturas y hasta la próxima!

NOTAS

1 Las palabras Santa María se encuentran testadas en el manuscrito, producto de las lamentables interpolaciones cristianas en los textos encontrados.

BIBLIOGRAFÍA

Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl, México, UNAM/Instituto de Investigaciones Históricas, 1993.

_______ (ed.), Cantares mexicanos, t. 1, México, UNAM, 2011.

Estrategias para calmar tu ansiedad

¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que muy muy bien. Pero, si no estás en tu mejor momento, y quizá por eso acabaste en esta publicación, quiero recordarte que todo todo todo pasa. Y que en los momentos complicados siempre encontrarás recursos que te harán superar cualquier crisis y salir fortalecido por ella.

La ansiedad y los trastornos del pánico han sido una constante en mi vida. Como no soy una experta en el tema, me basta con definir mi experiencia como DEMASIADO RUIDO MENTAL. En esos momentos, me siento completamente rebasada. El agotamiento y la desesperación son inevitables. Al contarte esta parte de mi historia, espero que recuerdes que no estás solo, no estás sola. El apoyo mutuo en estos casos es muy importante. Y también ten presente que, así como yo no me reduzco a ese aspecto de mi vida, a ti tampoco han de definirte ni la ansiedad ni la desesperación.

La ansiedad es un trastorno que requiere de un acompañamiento profesional y profundo, al menos así fue en mi caso (incluso requerí el apoyo farmacológico,) hay recursos valiosísimos que te pueden ayudar a enfrentar las crisis, no lo dudes. Libros, videos en internet, foros… Creo que, para estos casos, el compartir experiencias es fundamental y, en muchas ocasiones, de más utilidad que lo que un profesional te puede decir por el efecto que tiene el saberte comprendido, no desde lo intelectual, sino desde la experiencia.

Te invito a ver el siguiente video que grabé con mucho cario para ti, para acompañarte durante esas molestas crisis de ansiedad. Te comparto ahí mismo algunas de las estrategias que a mí me han funcionado.

Recuerda que la salud mental es importante. Si crees que tienes problemas de ansiedad, depresión o algún otro trastorno mental, no dudes en buscar ayuda profesional.

¡Ánimo y hasta la próxima! 💜🙏

Rostro y corazón en la filosofía náhuatl

Ante las posibilidades de comunicación actuales, ¿realmente nos sentimos en contacto con los otros? ¿Por qué la desolación y el aislamiento se ven tan acentuados? ¿Qué retos enfrentamos ante la virtualización de nuestras relaciones? ¿Existe la posibilidad de un verdadero reconocimiento de la otredad en las nuevas circunstancias?

Sobre esto y más hablamos en este episodio de Sueños de Tinta titulado Rostro y corazón en la filosofía náhuatl. Disponible en iVoox y Spotifiy.

¡Saludos y hasta la próxima!

Eternos

Atrevámonos a fijar la mirada en eso que nos hermana a ti y a mí, al resto de los seres y, ¿por qué no?, a lo “inanimado”. ¡Qué extraña me resulta esa palabra! La vida se expresa por doquier. Lo no vivo, la muerte es también un tema de perspectiva.

Atrevámonos a mirar… No más Orfeos desvaneciendo al amor a causa de su mirar. La mirada que destruye al ser amado, a uno mismo o al propio Amor es un mito que funda a Occidente. ¡No mires o te convertirás en una estatua de sal! Perecerás, o al menos desearás haberlo hecho y preferirás arrancarte los ojos antes que volver a mirar. ¡Cuánto temor despierta la mirada! No más Orfeos, no más Edipos, no más mujeres petrificadas.

Miedo al mirar y al pensar que van de la mano. Alabamos la erudición y la intelectualización porque son las grandes maestras de la ocultación. Sin embargo, tememos a la contemplación y al pensamiento vivo por su capacidad de desvelar lo que está ahí, siempre, persistente, calmo, certero.

Atrevámonos a mirar porque lo único que la mirada puede destruir es la ilusión, la mentira, la falsedad. Pero ¿cómo se destruye lo que nunca ha sido hecho? Mejor recurrir a la luminosa metáfora de la Luz (disculparán la redundancia). La mirada ilumina y entonces por fin podemos “distinguir lo falso y lo verdadero, y reemplazar lo falso por lo verdadero” (UCDM, 8, IX).1 Reconocer lo falso como falso y lo verdadero como verdadero. ¡En qué simpleza radica toda la sabiduría a la que nuestra experiencia humana puede aspirar!

No obstante, seguimos en incansable huida de las ministras de la justicia2 que sabrán encontrarnos porque, como dijo Heráclito, “La guerra es común a todos, la lucha es justicia y todo nace y muere por obra de la justicia”.3 Rueda de Diké, Rueda de Samsara… Tantos nombres, una sola conciencia que conoce para conocerse.

Todo es un tema de perspectiva. En la mirada se nos juega nuestra creencia sobre la existencia. Lo que hoy es causa de sufrimiento puede también ser la causa de la liberación. En cada ser y acontecer se encuentra la posibilidad del despertar o del sueño, según la mirada, la luz que arrojemos sobre ello.

La hostilidad y las ansiedades infernales nos instan a huir y evadirlas, pero en nuestro encuentro con ellas y en su contemplación nos purificamos al dejar al descubierto su insustancialidad. La materialidad del cuerpo, que nos ata al sufrimiento o a los placeres sensuales, con un cambio de perspectiva, nos eleva al pensar  y a la reflexión que nuestra condición humana posibilita. Nuestros apegos a las fantasmagorías, los deseos por lo ilusorio, pueden ser liberados para que lo único que se conserve sea el deseo por la verdad, la elevación del espíritu.4

Atrevernos a mirar… Mas no con la mirada del sabio sino con la del niño que puede hallar y abrazar al Maestro que se encuentra dentro de sí mismo. Ese Maestro cuya perspectiva podemos y queremos aprender para recordar que el error no es real, y que la muerte no es más que un error perceptual, que, en sí, no es nada. No morimos, sino que vivimos eternamente. Inmortales, porque así lo dispone la Voluntad Una que no se opone a nada y a la que nada puede oponérsele.

J.L.H., para ti y para mí, para todos, porque somos uno y somos eternos. Gracias por recordármelo.

NOTAS

  1. Casi todos los temas de este texto (la perspectiva, la mirada, el maestro interno, la Voluntad, la eternidad) están pensados a través de mi estudio y práctica de Un Curso de Milagros, si bien su tratamiento contiene elementos de otras tradiciones filosóficas o espirituales que han enriquecido mi práctica como estudiante del Curso.
  2. Véase fragmento 29 de Heráclito. Disponible en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  3. Héraclito, Fragmento 62. Disponible en idem.
  4. Cfr. Mark Epstein, “La Rueda de la Vida: un modelo budista de la mente neurótica”, en Pensamientos sin pensador: Psicoterapia desde una perspectiva Budista, Gaia.

¿Para qué?, o del propósito

La idea del tiempo lineal, esto es, la creencia de que existe una continuidad entre pasado, presente y futuro, es bastante dudosa. Incluso desde la física, ha sido puesta en entredicho y calificada de ilusoria. Y sobre lo que han dicho los filósofo acerca del tiempo, ni qué decir. El tema daría para muchas páginas.

En esta ocasión, me gustaría abordar el tema centrándome en la teleología. La teleología se refiere a cómo las cosas o los acontecimientos presentes encuentran su razón de ser en su fin o su propósito Me gustaría que reconocieras el interés que puede tener esta perspectiva. Así que, demos un paso atrás para darnos cuenta de cómo solemos explicarnos lo que nos sucede, o bien cómo es que, usualmente, explicamos el ser o naturaleza de las cosas y los seres.

Hagámoslo a través de un ejemplo. Si queremos indagar acerca del ser de este texto podemos dar al menos 4 respuestas: 1)  que su causa soy yo, que lo escribí; 2) que es el orden y disposición de las ideas que se exponen, y que lo hacen ser lo que es distinguiéndolo de cualquier otro texto; 3) que su causa son las palabras que lo conforman, e incluso, si somos más extremista, los píxeles que permiten que lo leas, esto es, los elementos de que está hecho; y 4) que su razón de ser es que alguien, tú, lo leas.

Para dar cuenta de este texto, hemos acudido a la teoría de las cuatro causas de Aristóteles, el más destacado discípulo de Platón nacido en Estagira, antigua ciudad de Macedonia, en el año 384 a. C. Ahondaré más en esta teoría, pero debo advertir que me estoy tomando bastantes libertades al valerme de este aspecto de la filosofía aristotélica, puesto que para este filósofo, el verdadero conocimiento, que da certeza, sólo puede ser de lo universal; en cambio, de lo particular —como es el caso de este texto— siempre puede ser abordado desde infinitas perspectivas, ninguna de las cuales agota por completo la realidad. No obstante, en esta ocasión y hecha la advertencia, me permitiré hablar de esta teoría para pensar sobre cómo los fines están implicados en nuestra experiencia del presente y lo que éste nos ofrece.

Volviendo a nuestro ejemplo, según la teoría aludida, todo proceso implica 4 causas: la material (que en nuestro ejemplo sería las palabras o píxeles, aquello de lo que la cosa está hecha), la formal (en nuestro caso, el ordenamiento de las ideas, el molde o la forma), la eficiente (yo, que lo estoy escribiendo, quien ejecuta o hace) y la final o teleológica (para que tú lo leas, su fin o propósito).

Me interesa que nos centremos en esta última explicación, puesto que se responde a través de la pregunta ¿para qué? Cuando nos cuestionamos acerca de algo que nos está ocurriendo solemos teñir nuestra experiencia presente con elementos del pasado. Esto es, pensamos que una cosas, persona o acontecimiento que previamente existió o tuvo lugar ha sido la causa de esta experiencia que ahora intentamos comprender.

Al preguntarnos por la causa (el porqué) de algo buscamos en el pasado cercano o remoto. Esto es lo más usual y lo hacemos de forma automática. Lo que quiero proponerte no es que descartes esta posibilidad del todo, sino que consideres también la pregunta sobre el para qué, sobre el fin o el propósito. Créeme, a veces un cambio en la perspectiva puede hacer un mundo de diferencia.

Ante las vivencias que consideramos “negativas”, imbuirnos sin más en pensamientos acerca del pasado puede producirnos mucha impotencia y culpa. Nos lamentamos por las malas decisiones tomadas, por la mala suerte que tuvimos, por lo injusta que ha sido la vida con nosotros. Todas estas valoraciones que hacemos sobre lo que nos sucede son arbitrarias. La mala suerte de una persona puede ser la fortuna de otra, no lo olvides, es un tema de perspectiva. Si no te convence esto que digo, te invito a revisar el ejercicio de sustracción mental del que te platiqué en la publicación sobre la gratitud.

He querido proponerte este cambio de perspectiva, este pasar de la atención en el pasado al para qué de algo, porque en lo personal me ha sido de gran utilidad creer que, si se lo permito, cada situación tiene un propósito, un aprendizaje que brindarme. No es fácil aceptar algo así, lo sé. Yo misma me he resistido con frecuencia a este tipo de posiciones.

Me parece que la resistencia principal radica en que, para aceptar que todo tiene un propósito, tenemos que ser capaces de liberar a nuestras experiencias de todo significado que le hayamos dado.1 Debemos reconocer que nuestra perspectiva es demasiado limitada como para que podamos saber lo que verdaderamente es  bueno o malo para nosotros, y más si ese juicio se refiere a otros o al mundo entero.

No estoy hablando de resignación ni de mantenerte dentro de situaciones que hoy te resultan dolorosas porque no sabes cuál es su verdadero significado. Simplemente, estoy hablando de reconocer que no sabes y que, por lo tanto, tus juicios y comportamientos se basan en suposiciones provisorias, que quizás hoy te resultan necesarias y funcionales, o simplemente no cuentas con otras mejores para sustituirlas, así que te vales de ellas. Eso está bien, sólo te pido que no olvides que son ideas que puedes abandonar y resignificar en cualquier momento. Eres más libre de lo que crees, y te aprisionas a ti mismo cuando te aferras al significado que le has dado a tus experiencias centrándote en el pasado.

Creo que a veces nos aferramos a las ideas porque las creemos nuestras, nos hemos identificado con ellas y tememos soltarlas porque lo experimentamos como la pérdida de nuestra identidad. Sin embargo, aunque no lo adviertas, ese significado casi nunca (por no decir nunca) viene de ti. Alguien te enseñó lo que es bueno y malo, alguien te dijo cómo se supone que las cosas deben ser. Alguien, tu familia, tu cultura, tu entorno, te transmitió esas ideas. Eso es inevitable, pero lo importante es examinar por nosotros mismos esas valoraciones. Desafortunadamente, la mayoría sólo hemos aceptado sin cuestionar lo que nos enseñaron. Este texto es, en buena medida, una invitación a incorporar este cuestionamiento en nuestro día a día.

Continuando con nuestro tema, cuando dejamos de poner nuestra atención en el pasado y nos abrimos al propósito de las cosas, nuestras experiencias se convierten en oportunidades y fuentes de aprendizaje, que no nos resultan evidentes cuando nos enfocamos en el pasado. Pero, ahora que hemos liberado nuestro presente del pasado, ¿no será que lo hemos atado al futuro? Dice Eckhart Tolle que la depresión sucede cuando tenemos la mira fija en el pasado, y la ansiedad, cuando la tenemos puesta en el futuro. No es lo que queremos, ¿cierto? Ya te dije al empezar que el tiempo lineal es sólo una ilusión, ¡y esto según la propia ciencia! Independientemente de tu opinión sobre el tema, cuando menos podemos decir que la naturaleza del tiempo sigue siendo un misterio para nuestras mentes.

Considerando esto, te propongo que ahora liberes a la idea del propósito del futuro. Ese ¿para qué? que te pido incorporar al análisis de lo que te sucede no tiene que ver con expectativas, con establecer de antemano cómo deben ser y darse las cosas, o cómo no deberían ser. El propósito florece y se nos revela precisamente cuando dejamos de esperar algo específico de lo que nos rodea. Así, el futuro también se nos va diluyendo y nos va quedando sólo el presente, que, según dicen los sabios, es lo único que hay.

De esto, en algún sentido, también habló Aristóteles, cuando dio al movimiento o cambio una explicación teleológica. Uno de los problemas que presentaba la idea del movimiento a ojos de los griegos es que parecía ser infinito: si todo lo que se mueve necesita de un motor que lo mueva, el movimiento sería infinito, lo que en su entendimiento era imposible. Para solucionar esto, Aristóteles postuló la idea del primer motor, o motor inmóvil (que algunos interpretan con cierta libertad como Dios). Se trata de un recurso lógico por medio del cual se evita el movimiento infinito. El motor inmóvil mueve sin ser movido, ya que, si se moviera, necesitaría de algo más que lo moviera. Y de nuevo tendríamos el problema que Aristóteles intentaba resolver. Para él, lógicamente no hay otra salida.

Es también interesante que Aristóteles identifica a este motor inmóvil con el Sumo Bien, y dice que es el objeto del amor y el deseo. Es télos (fin) de todo movimiento. Gracias a él, existen todas las demás cosas. Es acto puro, “el momento absoluto del mundo”, como diría Julian Marías en su Historia de la filosofía. Ese Bien, culminación de la filosofía aristotélica, es lo que anhelamos, hacia lo que tendemos y que, a la vez, no somos capaces de entender desde nuestra condición limitada, finita, y mucho menos de ponerlo en palabras.

Regresando a ti y a mí, que somos lo mismo, sí, tu deseabas que esa persona tan especial estuviera siempre contigo, ¿pero qué tal si, ahora que se ha ido, te permites descubrir el propósito de esta experienciaLo sé, tú esperabas que tu cuerpo fuera siempre saludable, pero, ahora que sus capacidades han disminuido o cambiado, ¿puedes abrirte a la pregunta del para qué? Sí, tú querías conservar ese gran trabajo por mucho más tiempo, mas ahora que lo has perdido, ¿puedes dejar que esta situación muestre el aprendizaje que tiene para ti? Tienes razón, yo escribí este texto para que tú lo leyeras, pero, más allá de mis expectativas, este proceso, cada una de sus palabras, de sus líneas y de las ideas, tiene un propósito en mi vida que puedo descubrir, si le permito revelarse.

El propósito no es obvio cuando anteponemos nuestros prejuicios, cuando no queremos reconocer nuestra ignorancia y nos aferramos a las viejas ideas y, sobre todo, cuando tenemos la mirada puesta en el pasado y en el futuro, porque el propósito sólo puede conocerse en el presente, en el eterno ahora. Tengo para mí que el propósito es algo universal, compartido, pero que, en nuestra vida humana, sólo podemos experimentarlo y formularlo de formas muy concretas. Y que es un camino que a cada uno nos corresponde recorrerlo, con aparente independencia pero en el fondo hermanados por ese fin al que aspiramos. Hemos de andar este camino con receptividad, es decir, dispuestos a mirar y escuchar más que a hablar y juzgar.

A pesar de su carácter enigmático, o más bien debido a ello, creo que podemos desprendernos de la necesidad de entender de antemano el propósito. Todo se desarrollará como debe ser, sin duda. Hay Dios, o dioses, energías, fuerzas, o como quieras llamarlo —que a mí las discusiones de este tipo me tienen sin cuidado—, que están operando y que, en última instancia y aunque ahora mismo no sea obvio, nos salvan del error.

Quizá lo mejor que podemos hacer es mantener una firme voluntad para desarrollar nuestra interioridad y mente para que seamos capaces de aprender la lección que se nos va brindando de diferentes maneras, una y otra vez, hasta que la aceptemos plenamente. Prepararnos para ello me parece el mejor uso que podemos hacer de nuestra libertad.

Para despedirme, quiero recomendarte un cuento hermoso que puede ser una gran ayuda para cuestionarnos acerca de nuestras ideas preconcebidas. Se titula “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. La primera vez que lo oí fue de boca de una dulce terapeuta con la que acudí durante algunos años y que me enseñó muchísimo. Hace unas semanas, lo escuché de nuevo en una entrevista a Álex Rovira, autor del bestseller La buena suerte, y puedes leerlo directamente en su página dando clic aquí.2 O bien, puedes escucharlo en la versión audio de este ensayo, en mi podcast Sueños de Tinta (Audioensayos), disponible en iVoox y Spotify.

Agradezco que me hayas acompañado en estas líneas.

¡Feliz instante, mentes soñadoras!

NOTAS

  1. Un curso de milagros es una enseñanza espiritual no dualista que me ha servido mucho para entender esto. Es un tema del que se ocupa en las primeras lecciones de su “Libro de Ejercicios”, parte fundamental del entrenamiento mental que el Curso propone.
  2. Si no conoces el trabajo de este autor y conferencista y te interesan los temas del desarrollo personal, te recomiendo revisar su trabajo, que es de excelente calidad.

¿No sabes qué es el ASMR? Te cuento ☺️

¡Hola, gente! ¿Cómo estás? Espero que muy muy bien. En esta breve publicación paso a hablarte un poquito del ASMR. ¿Que no sabes qué es el ASMR? Ahora te cuento…

El ASMR (Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, por sus siglas en inglés) es una técnica de relajación que se ha vuelto muy popular en YouTube y otras plataformas y aplicaciones de internet desde hace varios años.

Fue en 2010 cuando se acuñó el término ASMR, sin embargo éste se refiere a una experiencia que ha existido desde mucho antes de ser nombrada; al menos yo lo conozco desde que tengo memoria, mucho antes de que el internet fuera algo más que una idea futurista. Y muchos consumidores de ASMR refieren haber tenido estas sensaciones desde antes de que se produjeran videos con la función específica de calmar y desestresar a las personas por este medio.

Básicamente, el ASMR consiste en provocar un estado de calma o incluso cosquilleos relajantes a través de sonidos diversos, o bien de movimientos; a esto último se le conoce como ASMR visual. Es posible que hayas tenido esta experiencia mientras escuchabas hablar a alguien o lo veías hacer algo que te resultaba casi hipnótico.

Si no conoces esta técnica, te invito a que la explores en uno de los muchísimos canales de ASMR que actualmente existen. Yo, por supuesto, tengo a mis creadores de ASMR favoritos, y en un futuro te hablaré de quiénes son, por qué me gustan tanto y cómo me han ayudado.

Si el ASMR no es lo tuyo, no te preocupes porque existen muchas otras técnicas de relajación que a mí me han ayudado mucho a gestionar mis emociones y pensamientos. Cuánta falta hace eso en esto tiempos, ¿no crees?

Además, te invito a que conozcas mi propio canal de ASMR que recién he empezado. Para ser honesta, no soy una profesional. Estoy aprendiendo y más que nada me estoy divirtiendo muchísimo con esta nueva experiencia y espero que tú también puedas divertirte y, sobre todo, que te relajes un poco conmigo

Te espero en Mariva ASMR y te dejo el enlace para uno de mis videos consentidos del canal, que es una relajación con brochas y mensajes positivos para ti, que mereces descansar y estar en paz. Espero encontrarte por allá y que me dejes un comentario. Mientras tanto…

¡Feliz instante!

Sobre el método socrático – Filosofía en la Red

El diálogo socrático posee también un aspecto que podríamos calificar de constructivo, en tanto que ese saber que no se sabe, es decir, la conciencia de la propia ignorancia, se convierte en punto de partida para una indagación que “dará a luz” a nuevas ideas.

Si quieres saber más sobre este tema propio de la filosofía de la filosofía, o metafilosofía, te invito a que veas la siguiente reflexión que se publicó en Filosofía en la Red, y que he titulado Por “El camino de la interrogación”

¡Feliz lectura, mentes soñadoras!

Mujeres en la Historia: Nahui Olin

Hoy #8M hablamos en Sueños de Tinta sobre la importancia de visibilizar el legado de las mujeres que se abrieron paso en ámbitos como las artes y el conocimiento. Tal es el caso de la escritora Nahui Olin. Conoce algo de su historia y su obra a través de su poema La Iztaccihuatl, sobre la condición de las mujeres y su rebeldía. 💜🙋👩‍🎓👩‍💻🌋🎧

¡Te recomiendo que escuches este audio de iVoox! Episodio 2: Nahui Olin – Mujeres en la historia https://go.ivoox.com/rf/66463793