Lengua náhuatl

Compartida por distintos pueblos del ahora llamado Valle de México y sus alrededores (aztecas, tezcocanos, cholultecas y tlaxcaltecas), la lengua náhuatl está plagada vocablos con una carga simbólica que transmite una riquísima concepción metafísica, antropológica y ética. Como comenta, Miguel León Portilla, en su Filosofía náhuatl, se trata de un idioma que es un verdadero prodigio de ingeniería lingüística.

Marcelino Montero, en su Diccionario español-náhuatl, nos explica que la escritura en esta cultura se dio a través de pictogramas (representación directa de algo), ideogramas (representación simbólica; por ejemplo, dibujar el sol para aludir a un dios) y fonogramas (vinculación de dibujos para, a partir de su raíz, formar un nombre).

No fue sino hasta la conquista cuando se comenzó a utilizar el alfabeto castellano para la escritura náhuatl. Así es como han llegado hasta nosotros una serie de vocablos con rasgos acústicos que, para mí, es un placer escuchar.

¡Hasta la próxima!

¿Existe una filosofía náhuatl?

Miguel León Portilla fue un historiador y antropólogo mexicano que en 1956 obtuvo su tesis doctoral con un trabajo de investigación que, posteriormente, sería publicado y se convertiría  en su obra más famosa: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. En este trabajo, León-Portilla realizó una exhaustiva recopilación, traducción e interpretación de textos en náhuatl, que permitieron argüir a favor de la existencia de un pensamiento filosófico de esta ancestral cultura.

Quizá a ti, lector, lectora, te resulte extraño que haya (y siga existiendo) un debate académico sobre si es o no apropiado llamar filosofía a la sabiduría que está expresada en los cantares que han llegado a nuestro conocimiento.

Parece innegable que en esos poemas están expresadas las cuestiones más fundamentales de la filosofía: el discernimiento entre lo verdadero y lo ilusorio, lo correcto e incorrecto, la búsqueda de un principio trascendente, la posibilidad de hablar con verdad, el sentido de la existencia, etc. Aun así, las discusiones al respecto no han faltado, puesto que el acercamiento de Occidente a otras culturas, en general, se ha dado de forma problemática, e incluso colonizadora.

Hay quien niega que sea filosofía cualquier pensamiento que no posea una influencia directa del pueblo griego, a quien se le ha atribuido el origen de la filosofía. No obstante, el problema va más allá, puesto que, en el propio Occidente, al intentar definir qué ha de entenderse por filosofía, los desacuerdos no se han hecho esperar.

Dentro de la tradición occidental, algunas definiciones que se han postulado son:

  • Filosofar es preguntarse por el principio o fundamento de todas las cosas (presocráticos).
  • La búsqueda del saber libre y desinteresada (atribuido a Pitágoras).
  • Ciencia universal, rigurosa, principal y divina (Aristóteles).
  • Ciencia que se pregunta por el alcance del conocimiento humano (Kant).
  • Etcétera, y apuesto a que tú tienes tu propia concepción de lo que es.

Vista la imposibilidad de encontrar un acuerdo acerca de qué es la filosofía, podemos acudir a la pregunta de por qué surge la filosofía: ¿Qué ha motivado al ser humano a filosofar?

Cuando el ser humano se siente dudoso y desconfiado respecto a su sistema de creencias y el entorno al que dicho sistema da forma y sentido, el deseo por tener un mínimo de certidumbres que hagan la vida vivible no se hace esperar, y entonces la filosofía o, mejor aún, el filosofar se vuelve una indagación personal, sumamente activa, encausada para lograr esa estado de certeza, aun cuando sólo sea provisorio.

Así, el acto de filosofar es una reflexión acerca de lo que nos rodea, de nosotros mismos y de nuestro lugar en el mundo. Por ello, la filosofía no puede ser exclusiva de ciertas culturas o grupos. Afirmar que el cuestionamiento y las reflexiones que de éste emergen sólo valen como “filosóficas” por el hecho de presentarse de una forma sistematizada o dentro de una determinada tradición me parece empobrecer dramáticamente el concepto de filosofía. Incluso, cabe preguntarse desde qué lugar se puede negar a un pueblo esta sabiduría y, sobre todo, con qué fin.

En este tipo de debates, es común escuchar que el pensamiento filosófico se aleja completamente del mito y de lo religioso y que se vale exclusivamente de la razón en su quehacer. Y dado que la sabiduría náhuatl está plagada de metáforas y expresada en forma de poesía, quedaría fuera de lo considerado filosofía. Una vez más, mi punto de vista es que pensar que no hay razón en el mito o lo religioso es pecar de ceguera. Y viceversa, ¿acaso no es la ciencia, la razón y su método otro conjunto de ideas que hemos aceptado para organizar y dar sentido a nuestra vida, pero que, en última instancia, son imposibles de demostrar y justificar? Como vemos, los límites entre el mito y lo racional son borrosos.

La razón misma es un mito, y no existe parámetro objetivo para afirmar la superioridad de un sistema de creencias o métodos con respecto a otros. En nuestro conocimiento e interpretación del mundo, la lógica y la razón no son  opuestos a los mitos, cuentos, fábulas y poemas, sino complementarios. Y así lo atestigua el pensamiento de Platón, en el que la filosofía alcanzó alturas insospechadas.

Sin duda los sabios nahuas (tlamatinime) sintieron la urgencia de explicarse el acontecer de las cosas y se cuestionaron acerca de su valor. Por medio de cantos, ellos plantearon la problematicidad del mundo y del ser humano. Expresaron una profunda inquietud acerca del ser origen y destino del cosmos y de la humanidad.

Hay testimonio de una compleja y riquísima cosmogonía, que busca dar cuenta del universo, de su unidad y equilibrio, así como del principio que lo rige. Se ocuparon de la divinidad, entendida como el origen y fundamento de todo lo que existe. También del destino y su influencia en la vida de las personas. Finalmente, desarrollaron una interesantísima concepción del ser humano (que, a su entender, es rostro y corazón); es decir, especularon acerca de nuestra naturaleza y del sentido de nuestra existencia en la tierra.

Para finalizar, te comparto este bello canto para que tú mismo contestes a la pregunta de si existe o no una filosofía náhuatl.

Elevo mi llanto,

me aflijo.

Recuerdo que hemos de dejar las bellas flores,

los hermosos cantos.

Aún regocijémonos, aún cantemos,

nos vamos del todo,

nos perdemos allá en su casa.

¿Acaso saben algo nuestros amigos?

Se duele mi corazón,

se irrita,

no se nace dos veces,

no se es dos veces niño,

nos vamos de la tierra.

Todavía un momento más junto a la gente.

Ya aquí, a su lado, nunca se estará.

Nunca estaré alegre.

Nunca estaré contento.

Sólo das eso, desatas tus jades,

ya se entrelazan tus plumas preciosas,

Los tocados de flores color de ave zacuan,

sólo los das a los príncipes.

Variadas flores han hecho envoltorio de muerte,

cubren con plumas mi corazón.

Luego ya lloro, voy a la presencia de nuestra madre Santa María.1

Sólo digo al Dador de la vida:

no te disgustes,

no te hagas del rogar en la tierra;

ojalá pudiéramos vivir junto a ti,

sólo en tu casa, en el interior del cielo.

¿Acaso algo verdadero digo aquí,

Dador de la vida? Sólo soñamos,

sólo hemos venido a levantarnos con premura del sueño;

lo digo en la tierra,

a nadie podemos decírselo aquí.

Aun cuando sean jades, piedras pulidas,

tal vez para el Dador de la vida,

aquí a nadie podemos decirlo.

Para conocer algunos detalles interesantes de la lengua náhuatl y sus bellos vocablos te invito a ver la entrada Estudia conmigo palabras en náhuatl.

¡Felices lecturas y hasta la próxima!

NOTAS

1 Las palabras Santa María se encuentran testadas en el manuscrito, producto de las lamentables interpolaciones cristianas en los textos encontrados.

BIBLIOGRAFÍA

Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl, México, UNAM/Instituto de Investigaciones Históricas, 1993.

_______ (ed.), Cantares mexicanos, t. 1, México, UNAM, 2011.

Rostro y corazón en la filosofía náhuatl

Ante las posibilidades de comunicación actuales, ¿realmente nos sentimos en contacto con los otros? ¿Por qué la desolación y el aislamiento se ven tan acentuados? ¿Qué retos enfrentamos ante la virtualización de nuestras relaciones? ¿Existe la posibilidad de un verdadero reconocimiento de la otredad en las nuevas circunstancias?

Sobre esto y más hablamos en este episodio de Sueños de Tinta titulado Rostro y corazón en la filosofía náhuatl. Disponible en iVoox y Spotifiy.

¡Saludos y hasta la próxima!

Eternos

Atrevámonos a fijar la mirada en eso que nos hermana a ti y a mí, al resto de los seres y, ¿por qué no?, a lo “inanimado”. ¡Qué extraña me resulta esa palabra! La vida se expresa por doquier. Lo no vivo, la muerte es también un tema de perspectiva.

Atrevámonos a mirar… No más Orfeos desvaneciendo al amor a causa de su mirar. La mirada que destruye al ser amado, a uno mismo o al propio Amor es un mito que funda a Occidente. ¡No mires o te convertirás en una estatua de sal! Perecerás, o al menos desearás haberlo hecho y preferirás arrancarte los ojos antes que volver a mirar. ¡Cuánto temor despierta la mirada! No más Orfeos, no más Edipos, no más mujeres petrificadas.

Miedo al mirar y al pensar que van de la mano. Alabamos la erudición y la intelectualización porque son las grandes maestras de la ocultación. Sin embargo, tememos a la contemplación y al pensamiento vivo por su capacidad de desvelar lo que está ahí, siempre, persistente, calmo, certero.

Atrevámonos a mirar porque lo único que la mirada puede destruir es la ilusión, la mentira, la falsedad. Pero ¿cómo se destruye lo que nunca ha sido hecho? Mejor recurrir a la luminosa metáfora de la Luz (disculparán la redundancia). La mirada ilumina y entonces por fin podemos “distinguir lo falso y lo verdadero, y reemplazar lo falso por lo verdadero” (UCDM, 8, IX).1 Reconocer lo falso como falso y lo verdadero como verdadero. ¡En qué simpleza radica toda la sabiduría a la que nuestra experiencia humana puede aspirar!

No obstante, seguimos en incansable huida de las ministras de la justicia2 que sabrán encontrarnos porque, como dijo Heráclito, “La guerra es común a todos, la lucha es justicia y todo nace y muere por obra de la justicia”.3 Rueda de Diké, Rueda de Samsara… Tantos nombres, una sola conciencia que conoce para conocerse.

Todo es un tema de perspectiva. En la mirada se nos juega nuestra creencia sobre la existencia. Lo que hoy es causa de sufrimiento puede también ser la causa de la liberación. En cada ser y acontecer se encuentra la posibilidad del despertar o del sueño, según la mirada, la luz que arrojemos sobre ello.

La hostilidad y las ansiedades infernales nos instan a huir y evadirlas, pero en nuestro encuentro con ellas y en su contemplación nos purificamos al dejar al descubierto su insustancialidad. La materialidad del cuerpo, que nos ata al sufrimiento o a los placeres sensuales, con un cambio de perspectiva, nos eleva al pensar  y a la reflexión que nuestra condición humana posibilita. Nuestros apegos a las fantasmagorías, los deseos por lo ilusorio, pueden ser liberados para que lo único que se conserve sea el deseo por la verdad, la elevación del espíritu.4

Atrevernos a mirar… Mas no con la mirada del sabio sino con la del niño que puede hallar y abrazar al Maestro que se encuentra dentro de sí mismo. Ese Maestro cuya perspectiva podemos y queremos aprender para recordar que el error no es real, y que la muerte no es más que un error perceptual, que, en sí, no es nada. No morimos, sino que vivimos eternamente. Inmortales, porque así lo dispone la Voluntad Una que no se opone a nada y a la que nada puede oponérsele.

J.L.H., para ti y para mí, para todos, porque somos uno y somos eternos. Gracias por recordármelo.

NOTAS

  1. Casi todos los temas de este texto (la perspectiva, la mirada, el maestro interno, la Voluntad, la eternidad) están pensados a través de mi estudio y práctica de Un Curso de Milagros, si bien su tratamiento contiene elementos de otras tradiciones filosóficas o espirituales que han enriquecido mi práctica como estudiante del Curso.
  2. Véase fragmento 29 de Heráclito. Disponible en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  3. Héraclito, Fragmento 62. Disponible en idem.
  4. Cfr. Mark Epstein, “La Rueda de la Vida: un modelo budista de la mente neurótica”, en Pensamientos sin pensador: Psicoterapia desde una perspectiva Budista, Gaia.

¿Para qué?, o del propósito

La idea del tiempo lineal, esto es, la creencia de que existe una continuidad entre pasado, presente y futuro, es bastante dudosa. Incluso desde la física, ha sido puesta en entredicho y calificada de ilusoria. Y sobre lo que han dicho los filósofo acerca del tiempo, ni qué decir. El tema daría para muchas páginas.

En esta ocasión, me gustaría abordar el tema centrándome en la teleología. La teleología se refiere a cómo las cosas o los acontecimientos presentes encuentran su razón de ser en su fin o su propósito Me gustaría que reconocieras el interés que puede tener esta perspectiva. Así que, demos un paso atrás para darnos cuenta de cómo solemos explicarnos lo que nos sucede, o bien cómo es que, usualmente, explicamos el ser o naturaleza de las cosas y los seres.

Hagámoslo a través de un ejemplo. Si queremos indagar acerca del ser de este texto podemos dar al menos 4 respuestas: 1)  que su causa soy yo, que lo escribí; 2) que es el orden y disposición de las ideas que se exponen, y que lo hacen ser lo que es distinguiéndolo de cualquier otro texto; 3) que su causa son las palabras que lo conforman, e incluso, si somos más extremista, los píxeles que permiten que lo leas, esto es, los elementos de que está hecho; y 4) que su razón de ser es que alguien, tú, lo leas.

Para dar cuenta de este texto, hemos acudido a la teoría de las cuatro causas de Aristóteles, el más destacado discípulo de Platón nacido en Estagira, antigua ciudad de Macedonia, en el año 384 a. C. Ahondaré más en esta teoría, pero debo advertir que me estoy tomando bastantes libertades al valerme de este aspecto de la filosofía aristotélica, puesto que para este filósofo, el verdadero conocimiento, que da certeza, sólo puede ser de lo universal; en cambio, de lo particular —como es el caso de este texto— siempre puede ser abordado desde infinitas perspectivas, ninguna de las cuales agota por completo la realidad. No obstante, en esta ocasión y hecha la advertencia, me permitiré hablar de esta teoría para pensar sobre cómo los fines están implicados en nuestra experiencia del presente y lo que éste nos ofrece.

Volviendo a nuestro ejemplo, según la teoría aludida, todo proceso implica 4 causas: la material (que en nuestro ejemplo sería las palabras o píxeles, aquello de lo que la cosa está hecha), la formal (en nuestro caso, el ordenamiento de las ideas, el molde o la forma), la eficiente (yo, que lo estoy escribiendo, quien ejecuta o hace) y la final o teleológica (para que tú lo leas, su fin o propósito).

Me interesa que nos centremos en esta última explicación, puesto que se responde a través de la pregunta ¿para qué? Cuando nos cuestionamos acerca de algo que nos está ocurriendo solemos teñir nuestra experiencia presente con elementos del pasado. Esto es, pensamos que una cosas, persona o acontecimiento que previamente existió o tuvo lugar ha sido la causa de esta experiencia que ahora intentamos comprender.

Al preguntarnos por la causa (el porqué) de algo buscamos en el pasado cercano o remoto. Esto es lo más usual y lo hacemos de forma automática. Lo que quiero proponerte no es que descartes esta posibilidad del todo, sino que consideres también la pregunta sobre el para qué, sobre el fin o el propósito. Créeme, a veces un cambio en la perspectiva puede hacer un mundo de diferencia.

Ante las vivencias que consideramos “negativas”, imbuirnos sin más en pensamientos acerca del pasado puede producirnos mucha impotencia y culpa. Nos lamentamos por las malas decisiones tomadas, por la mala suerte que tuvimos, por lo injusta que ha sido la vida con nosotros. Todas estas valoraciones que hacemos sobre lo que nos sucede son arbitrarias. La mala suerte de una persona puede ser la fortuna de otra, no lo olvides, es un tema de perspectiva. Si no te convence esto que digo, te invito a revisar el ejercicio de sustracción mental del que te platiqué en la publicación sobre la gratitud.

He querido proponerte este cambio de perspectiva, este pasar de la atención en el pasado al para qué de algo, porque en lo personal me ha sido de gran utilidad creer que, si se lo permito, cada situación tiene un propósito, un aprendizaje que brindarme. No es fácil aceptar algo así, lo sé. Yo misma me he resistido con frecuencia a este tipo de posiciones.

Me parece que la resistencia principal radica en que, para aceptar que todo tiene un propósito, tenemos que ser capaces de liberar a nuestras experiencias de todo significado que le hayamos dado.1 Debemos reconocer que nuestra perspectiva es demasiado limitada como para que podamos saber lo que verdaderamente es  bueno o malo para nosotros, y más si ese juicio se refiere a otros o al mundo entero.

No estoy hablando de resignación ni de mantenerte dentro de situaciones que hoy te resultan dolorosas porque no sabes cuál es su verdadero significado. Simplemente, estoy hablando de reconocer que no sabes y que, por lo tanto, tus juicios y comportamientos se basan en suposiciones provisorias, que quizás hoy te resultan necesarias y funcionales, o simplemente no cuentas con otras mejores para sustituirlas, así que te vales de ellas. Eso está bien, sólo te pido que no olvides que son ideas que puedes abandonar y resignificar en cualquier momento. Eres más libre de lo que crees, y te aprisionas a ti mismo cuando te aferras al significado que le has dado a tus experiencias centrándote en el pasado.

Creo que a veces nos aferramos a las ideas porque las creemos nuestras, nos hemos identificado con ellas y tememos soltarlas porque lo experimentamos como la pérdida de nuestra identidad. Sin embargo, aunque no lo adviertas, ese significado casi nunca (por no decir nunca) viene de ti. Alguien te enseñó lo que es bueno y malo, alguien te dijo cómo se supone que las cosas deben ser. Alguien, tu familia, tu cultura, tu entorno, te transmitió esas ideas. Eso es inevitable, pero lo importante es examinar por nosotros mismos esas valoraciones. Desafortunadamente, la mayoría sólo hemos aceptado sin cuestionar lo que nos enseñaron. Este texto es, en buena medida, una invitación a incorporar este cuestionamiento en nuestro día a día.

Continuando con nuestro tema, cuando dejamos de poner nuestra atención en el pasado y nos abrimos al propósito de las cosas, nuestras experiencias se convierten en oportunidades y fuentes de aprendizaje, que no nos resultan evidentes cuando nos enfocamos en el pasado. Pero, ahora que hemos liberado nuestro presente del pasado, ¿no será que lo hemos atado al futuro? Dice Eckhart Tolle que la depresión sucede cuando tenemos la mira fija en el pasado, y la ansiedad, cuando la tenemos puesta en el futuro. No es lo que queremos, ¿cierto? Ya te dije al empezar que el tiempo lineal es sólo una ilusión, ¡y esto según la propia ciencia! Independientemente de tu opinión sobre el tema, cuando menos podemos decir que la naturaleza del tiempo sigue siendo un misterio para nuestras mentes.

Considerando esto, te propongo que ahora liberes a la idea del propósito del futuro. Ese ¿para qué? que te pido incorporar al análisis de lo que te sucede no tiene que ver con expectativas, con establecer de antemano cómo deben ser y darse las cosas, o cómo no deberían ser. El propósito florece y se nos revela precisamente cuando dejamos de esperar algo específico de lo que nos rodea. Así, el futuro también se nos va diluyendo y nos va quedando sólo el presente, que, según dicen los sabios, es lo único que hay.

De esto, en algún sentido, también habló Aristóteles, cuando dio al movimiento o cambio una explicación teleológica. Uno de los problemas que presentaba la idea del movimiento a ojos de los griegos es que parecía ser infinito: si todo lo que se mueve necesita de un motor que lo mueva, el movimiento sería infinito, lo que en su entendimiento era imposible. Para solucionar esto, Aristóteles postuló la idea del primer motor, o motor inmóvil (que algunos interpretan con cierta libertad como Dios). Se trata de un recurso lógico por medio del cual se evita el movimiento infinito. El motor inmóvil mueve sin ser movido, ya que, si se moviera, necesitaría de algo más que lo moviera. Y de nuevo tendríamos el problema que Aristóteles intentaba resolver. Para él, lógicamente no hay otra salida.

Es también interesante que Aristóteles identifica a este motor inmóvil con el Sumo Bien, y dice que es el objeto del amor y el deseo. Es télos (fin) de todo movimiento. Gracias a él, existen todas las demás cosas. Es acto puro, “el momento absoluto del mundo”, como diría Julian Marías en su Historia de la filosofía. Ese Bien, culminación de la filosofía aristotélica, es lo que anhelamos, hacia lo que tendemos y que, a la vez, no somos capaces de entender desde nuestra condición limitada, finita, y mucho menos de ponerlo en palabras.

Regresando a ti y a mí, que somos lo mismo, sí, tu deseabas que esa persona tan especial estuviera siempre contigo, ¿pero qué tal si, ahora que se ha ido, te permites descubrir el propósito de esta experienciaLo sé, tú esperabas que tu cuerpo fuera siempre saludable, pero, ahora que sus capacidades han disminuido o cambiado, ¿puedes abrirte a la pregunta del para qué? Sí, tú querías conservar ese gran trabajo por mucho más tiempo, mas ahora que lo has perdido, ¿puedes dejar que esta situación muestre el aprendizaje que tiene para ti? Tienes razón, yo escribí este texto para que tú lo leyeras, pero, más allá de mis expectativas, este proceso, cada una de sus palabras, de sus líneas y de las ideas, tiene un propósito en mi vida que puedo descubrir, si le permito revelarse.

El propósito no es obvio cuando anteponemos nuestros prejuicios, cuando no queremos reconocer nuestra ignorancia y nos aferramos a las viejas ideas y, sobre todo, cuando tenemos la mirada puesta en el pasado y en el futuro, porque el propósito sólo puede conocerse en el presente, en el eterno ahora. Tengo para mí que el propósito es algo universal, compartido, pero que, en nuestra vida humana, sólo podemos experimentarlo y formularlo de formas muy concretas. Y que es un camino que a cada uno nos corresponde recorrerlo, con aparente independencia pero en el fondo hermanados por ese fin al que aspiramos. Hemos de andar este camino con receptividad, es decir, dispuestos a mirar y escuchar más que a hablar y juzgar.

A pesar de su carácter enigmático, o más bien debido a ello, creo que podemos desprendernos de la necesidad de entender de antemano el propósito. Todo se desarrollará como debe ser, sin duda. Hay Dios, o dioses, energías, fuerzas, o como quieras llamarlo —que a mí las discusiones de este tipo me tienen sin cuidado—, que están operando y que, en última instancia y aunque ahora mismo no sea obvio, nos salvan del error.

Quizá lo mejor que podemos hacer es mantener una firme voluntad para desarrollar nuestra interioridad y mente para que seamos capaces de aprender la lección que se nos va brindando de diferentes maneras, una y otra vez, hasta que la aceptemos plenamente. Prepararnos para ello me parece el mejor uso que podemos hacer de nuestra libertad.

Para despedirme, quiero recomendarte un cuento hermoso que puede ser una gran ayuda para cuestionarnos acerca de nuestras ideas preconcebidas. Se titula “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. La primera vez que lo oí fue de boca de una dulce terapeuta con la que acudí durante algunos años y que me enseñó muchísimo. Hace unas semanas, lo escuché de nuevo en una entrevista a Álex Rovira, autor del bestseller La buena suerte, y puedes leerlo directamente en su página dando clic aquí.2 O bien, puedes escucharlo en la versión audio de este ensayo, en mi podcast Sueños de Tinta (Audioensayos), disponible en iVoox y Spotify.

Agradezco que me hayas acompañado en estas líneas.

¡Feliz instante, mentes soñadoras!

NOTAS

  1. Un curso de milagros es una enseñanza espiritual no dualista que me ha servido mucho para entender esto. Es un tema del que se ocupa en las primeras lecciones de su “Libro de Ejercicios”, parte fundamental del entrenamiento mental que el Curso propone.
  2. Si no conoces el trabajo de este autor y conferencista y te interesan los temas del desarrollo personal, te recomiendo revisar su trabajo, que es de excelente calidad.

Sobre el método socrático – Filosofía en la Red

El diálogo socrático posee también un aspecto que podríamos calificar de constructivo, en tanto que ese saber que no se sabe, es decir, la conciencia de la propia ignorancia, se convierte en punto de partida para una indagación que “dará a luz” a nuevas ideas.

Si quieres saber más sobre este tema propio de la filosofía de la filosofía, o metafilosofía, te invito a que veas la siguiente reflexión que se publicó en Filosofía en la Red, y que he titulado Por “El camino de la interrogación”

¡Feliz lectura, mentes soñadoras!

7 sentencias de la sabiduría taoísta para elevar la mente

El taoísmo es una sabiduría milenaria que tuvo su mayor florecimiento en la China de los siglos IV y V a.C. El camino del sabio taoísta es el del perfeccionamiento individual, que incluye el cuidado de las relaciones armónicas con la naturaleza, las fuerzas cósmicas y los otros.

Este saber fue trasmitido a través de dichos, cuentos y leyendas, de los que se desprenden valiosas enseñanzas sobre la virtud  y el orden del mundo. Muchos de ellos aún se conservan en nuestra época para beneficio de quien desee prestarles oídos.

Usualmente, los antiguos practicantes del taoísmo se acogieron a la vida en soledad para alcanzar la libertad de la mente. Vivieron de forma frugal, entregados a la contemplación. Cultivando una mente sosegada y silenciosa, libre de juicios, indagaron en los misterios del principio que rige lo percibido y que existe con perfecta autosuficiencia.

TAO —de forma inexacta, como sucede con toda traducción— significa sendero, camino o vía. Es el camino de la rectitud y de la cordura. Es el principio que sustenta y rige todo lo observado y al observador mismo. Es aquello que está libre de la estructura sujeto-objeto, que implica toda precepción. Es la trascendencia de la dualidad. Es la perfecta Unicidad.

Las dos principales fuentes del taoísmo a las que tenemos accesos son el Libro de Chuang y el Tao Te Ching (generalmente, atribuido a Lao-Tse) compilaciones de dichos y sentencias. Asimismo, la cosmovisión taoísta ha quedado plasmada en numerosas leyendas y narraciones, conservadas gracias a la tradición oral.  

A continuación, 7 extractos de esta profunda enseñanza, con el el único propósito de poner a descansar a la mente e invitar al lector que se sienta llamado a ahondar más en el estudio de esta antigua tradición espiritual.  

  1. El Tao es el origen de todas las cosas. Es por él que todas las cosas alcanzan su consumación. Es por él que todas las cosas existen.
  2. Aquel que conoce suficiente no se fatiga con pensamientos de ganancia. Tomará cuenta de lo que tiene pero no tendrá ansiedad de perderlo.
  3. El Tao es como un recipiente que, siendo usado, nunca se llena. ¡Qué insondable es! ¡Como si fuera el progenitor de todo lo que existe! ¡Qué profundo es! ¡Como si fuera eterno!
  4. El sabio anhela la unidad, y prueba todo en su busca. No hace ostentación de sí mismo y en consecuencia ésta le es revelada. No se sostiene a sí mismo y de este modo se hace claramente manifiesto. No hace alardes y de este modo es exitoso. Al carecer de autoestima, obtiene el liderazgo. Justo debido a que no compite, no hay nadie que pueda competir con él.
  5. En los tiempos antiguos el hombre verdadero no se rebelaba contra la penuria, no ambicionaba el éxito, y carecía de esquemas y planes. Si cometía un error, no hacía de éste un tema de lamento vano. Cuando realizaba algo no consideraba este logro como algo especial. De modo que podría escalar cumbres sin miedo, entrar en el agua sin ahogarse y en el fuego sin ser quemado. Con un conocimiento así uno podría escalar para estar junto al Tao.
  6. La única forma de cultivar la vida consiste en purificar el Corazón y reducir el deseo.
  7. Quite el egoísmo. Atenúe su inteligencia. Venza el hábito y la obsesión. Mire más allá de todas las relaciones pero no descarte a la gente. Únase a la integridad como ilimitada. Relaje su mente. Libere su espíritu. Olvide el juicio.

Información y citas tomadas de:

Smith, D.H. (compilador y editor), Los místicos taoístas, Barcelona, Teorema, 1983.

Lieh-Tzu, Cuang-Tzu, et al., Las mejores leyendas taoístas [Roberto Curto, trad.], Buenos Aires, Longseller, 2002.

Ser y no ser en el País de las Maravillas

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El encanto de la historia y sabiduría de Alicia… me hace volver a sus páginas continuamente. El uso magistral que Lewis Carroll hace del lenguaje en esta obra posee un encanto curioso y más que curioso.

Lewis Carroll fue un inglés que vivió en la segunda mitad de siglo XIX. Fue diácono, profesor de matemáticas, escritor de libros de lógica, poesía y ficción. Un personaje peculiar. Alicia no fue su única obra de ficción, pero sí la más conocida.

Ya lo he dicho dos veces: Alicia… es un libro encantador, y lo es en varios sentidos. Es cautivador, atrayente y magnífico, pero también es una suerte de hechizo: la extrañeza producida por la característica y aparente sinrazón de algunos de sus mejores diálogos —tan demenciales como magníficos o, más bien, magníficos por demenciales— nos transporta a estadios del entendimiento que escapa a la definición precisa y sistemática. Un hechizo que transporta y que transforma. ¿Convirtiéndonos en qué? Con esta pregunta, adentrémonos de la mano de Lewis Carroll en el sueño de Alicia y a una de las preguntas fundamentales del pensamiento filosófico: en realidad, ¿quién soy?

El enigma de la identidad personal

Para mí, el recorrido de Alicia por el País de las Maravillas retrata el desenvolvimiento de nuestro andar como individuos y como especie. Igual que ella, en nuestro recorrido por un mundo de maravillas y pesadillas, cada instante, en nuestras relaciones y en nuestra soledad, en las remembranzas y en los anhelos más secretos, en nuestro decir y en nuestro actuar, en todos y cada uno de los aspectos que conforman nuestra vida, siempre, y aun cuando no lo advirtamos así, estamos dando una respuesta a la pregunta ¿quién soy?

«¡Qué extraño resulta todo hoy […] ¿Habré cambiado por la noche? Vamos a ver, ¿era la misma cuando me he levantado esta mañana? Creo que recuerdo sentirme un poco distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es: ¿entonces quién soy yo?».

Basamento de incontables transformaciones desde el nacimiento hasta la muerte, la única certeza de ese yo confuso que se pregunta acerca de sí mismo es que no sabe quién es, lo cual no deja de ser curioso y más que curioso. ¿Cómo es posible que lo que verdaderamente es deje de ser para convertirse en lo que no era, o que lo que no era haya llegado a ser?

El asombro causado por los cambios del mundo y los nuestros ha sido fiel compañero de la filosofía desde sus orígenes en Grecia. Hoy nosotros —como los griegos y como Alicia— seguimos preguntándonos: ¿quién soy? Recordemos aquel diálogo sobre el cambio y el Ser de Alicia y la Oruga:

«—¿Tú quién eres? —le preguntó […]

»—En este preciso momento, señora, no lo sé muy bien […] me temo que he cambiado varias veces […]

»—¿Qué es lo que quieres decir? —preguntó la Oruga secamente—. ¡Explícate!

»—Creo que no puedo explicarme, señora —repuso Alicia—, porque no soy yo misma, ya lo ve […] Para empezar ni siquiera yo misma lo entiendo, y además cambiar de tamaño tantas veces en un solo día resulta bastante confuso […] quizá usted no ha pasado por esto, pero cuando se convierta en crisálida, que algún día le ocurrirá, ya sabe, y después en mariposa, me figuro que se sentirá un poco extraña, ¿no cree?

»—Nada de eso —afirmó la Oruga».

¡Qué zen resultó esta oruga que tan bien acepta el asunto del devenir! Todo lo contrario a los antiguos griegos que tan anonadados quedaron con la idea del cambio que lo hicieron el centro de sus reflexiones. No obstante, gracias a esa perplejidad que los fundadores de la filosofía occidental acogieron tan seriamente, tenemos la historia que tenemos y hemos llegado a ser lo que somos. Pero ¿quiénes somos?

Nosotros sabemos que este encuentro entre la Oruga y Alicia tiene lugar en el sueño de la niña. En principio, Alicia es una durmiente que sueña. ¿Sólo eso? Difícilmente, pero quizá si Alicia hubiera experimentado la respuesta a su pregunta, hubiera despertado de su sueño en ese instante y nosotros nos hubiéramos quedado sin varias páginas de aventuras. Ahora que ha despertado, podemos preguntar nosotros: ¿quién es Alicia? ¿Quiénes somos? ¿Quién soy?

Si te gustó esta entrada, inscríbete al blog porque más adelante habrá  más de Alicia en el País de las Maravillas y de A través del espejo, así como de Lewis Carroll, quien, como ven, en su obra dio vida a las preocupaciones y temas más filosóficos o, simplemente, humanos.

Cuéntenme cuáles son sus pasajes o personajes favoritos. Y si todavía no leen esta fascinante obra de la literatura universal, ¿qué están esperando?

¡Hasta pronto y feliz instante, mentes soñadoras! ¡Prrr…!

LECTURAS RECOMENDADAS:

  • Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo de Lewis Carroll. Una edición sumamente recomendable es Alicia anotada, con comentarios de Martin Gardner. O bien Alicia en el País de las Maravillas publicado por Susaeta, de donde han sido tomadas las citas.
  • Irwin William y Richard Brian Davis (coords.), La filosofía de Alicia en el País de las Maravillas, México, Paidós, 2013. Un conjunto de ensayos dirigidos al público general. ¡Una excelente forma de introducirte a la filosofía y al mundo de Lewis Carroll!

Encuentro con Nahui Olin

Carmen Mondragón, mejor conocida como Nahui Olin, fue una mujer que desafió las costumbres y la moral de su época y sociedad para ir en pos de la libertad. Fue penada con la marginación social y tachada de ninfómana, prostituta y loca. El severo castigo que la sociedad mexicana hizo caer sobre ella conllevó a la invisibilización de su obra literaria y artística durante varias décadas. Afortunadamente, en los últimos años se ha hecho un enorme esfuerzo por recuperar su trabajo; algo más que merecido.

Tenemos un deber con todas las personas que, como Nahui, han cuestionado los estereotipos y el funcionamiento de la sociedad, pues ellas han superado limitantes y condicionamientos sociales, brindándonos inéditas posibilidades de las que ahora gozamos. Su herencia es invaluable. El esfuerzo de estas sobresalientes personalidades no debe quedar en el olvido ni menospreciarse, y por ello he decidido hacer estos Encuentros con… , que, en esta ocasión, te invitan a conocer la vida y obra de Nahui Olin.

Además de ser una artista plástica, Nahui fue autora de numerosos escritos en prosa y verso, en español y francés, que poseen un incuestionable valor literario y filosófico. Sabemos de textos que escribió cuando contaba con apenas ¡10 años de edad! Esto es, sin duda, una prueba de su vocación literaria. He aquí un fragmento de los escritos de aquella primera época como escritora:

Ahora que siento que sufro y soy sensible a todo, tengo sed de todo lo que es bello, grande y cautivador. Con un ardor extremado, una ilusión loca de juventud y de vida: quiero hacer vibrar mi cuerpo, mi espíritu hasta sus últimos sonidos…

Notamos de inmediato la expresión de una potente e inusual inteligencia que, en sus escritos, continuamente manifiesta su sentir ante lo infinito y la totalidad, pero también ante el amor y la tristeza. A cada uno de estos temas, la autora les otoroga un tratamiento filosófico de profundo calado.   

En sus relaciones amorosas, la trasgresión no dejó de estar presente, y cabe destacar que, pese a la intensidad de sus emociones, nunca aceptó ni el machismo ni la megalomanía de personalidades importantes de su tiempo con las que se involucró.

Tampoco se conformó con el papel de esposa que la sociedad tenía asignado para ella. Así, aun cuando contrajo matrimonio siendo muy joven, dio por finalizada esa relación para buscar nuevas experiencias que alimentaran su alma. Esto sin importar lo mal que podía verse el que una mujer abandonara a su esposo en aquel tiempo.

El final de sus días estuvo marcado por la pobreza y la exclusión social, desafortunadamente un hecho frecuente en todas aquellas personas que, en su anhelo de ser, optan por romper los moldes y roles sociales. Una personalidad como la de Nahui, cuya vida está atravesada por un enorme talento, por la pasión, la vulnerabilidad, la oscuridad, la rebeldía o bien es causa de una profunda admiración o de un firme rechazo, pero jamás de la indiferencia.

Ya que este espacio está dedicado a las palabras, me limito a invitarlos a que conozcan más sobre las pinturas de esta polifacética mujer. Me despido, pues, recordado algo de su prosa, en la que, de una manera tan conmovedora como cautivadora, Nahui nos dejó constancia de sus reflexiones acerca de temas como la existencia, la muerte, la creación, el sufrimiento, el amor, los celos, la decepción, la totalidad, el espíritu, la condición femenina, por mencionar sólo algunos.

SOBRE MI LÁPIDA (fragmento)

Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme; hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir.— Los gusanos no me darán fin—son los grotescos destructores de materia sin savia, y vida dan, con devorar lo ya podrido del último despojo de mi renovación.—Y la madre tierra me parirá, y naceré de nuevo, de nuevo ya para no morir…

Si deseas conocer más de la vida y obra de Carmen Mondragón, Nahui Olin —y en verdad espero que así sea—, te recomiendo los siguientes libros:

  • La compilación a cargo de Patricia Rosas Lopátegui, Nahui Olin: Sin principio ni fin. Vida, obra y varia invención (UANL, 2011), una investigación rigurosa que reconstruye la vida de Carmen Mondragón. El libro ofrece una completa recopilación de su obra y de numerosos artículos y ensayos sobre ella escritos por Elena Poniatowska, Raquel Tibol, José Emilio Pacheco, entre otros.
  • También puedes revisar a Adriana Malvido, Nahui Olin. La mujer del sol, Océano, 2017.

Si te apetece, cuéntame en los comentarios qué sabes acerca de esta mujer excepcional y si, como a mí, te gusta su trabajo. Toda opinión es bienvenida. También déjame sugerencias sobre otras personalidades que han transformado nuestro mundo y con las que te gustaría que hiciéramos un encuentro.

¡Felices lecturas, prrr…!