Gestión del tiempo: El hombre gris que todos llevamos dentro

Seguramente, estarán de acuerdo conmigo en que Momo, la protagonista de uno de los libros más famosos de Michael Ende, es uno de los personajes más entrañables de la literatura juvenil. Esta pequeña nos ofrece valiosas lecciones en las que no está de más reparar de vez en cuando.  

Hoy me gustaría acudir a esa bella historia que es Momo para reflexionar acerca del tiempo. En esta novela, Momo y sus amigos se ven amenazados por la presencia de los hombres grises, unos misteriosos seres que tienen la capacidad de pasar desapercibidos y que han invadido la ciudad, convenciendo a las personas de que “ahorren su tiempo”, que no lo “pierdan”. Como consecuencia, su vida es cada vez más monótona y desangelada. Los padres y madres ya no tienen tiempo para estar con sus hijos: ya no les cuentan cuentos ni pasean con ellos.

¿Cómo es que Momo y sus amigos se enfrentaran a los hombres grises? Para saberlo tendrás que leer esta preciosa novela de Michael Ende, te aseguro que la vas a disfrutar. Pero antes de que te pongas a ello, continuemos reflexionando acerca del tiempo. ¡Qué tema tan complejo es éste! No obstante, intentemos ser prácticos en nuestro enfoque.

La verdad es que la ciudad embrujada por los hombres grises de la que nos habla Michael Ende retrata muy bien nuestra experiencia cotidiana con el tiempo. ¿Alguna vez has pensado que es mejor trabajar de prisa y dejar de lado todo lo “inútil”? ¿O que es importante hacer el máximo de trabajo en el mínimo de tiempo? Ciertamente, esto nos resulta familiar, de ahí el éxito impresionante de todos los libros, cursos y charlas dedicados a la llamada gestión del tiempo.

La gestión del tiempo posee muchos elementos nada desdeñables: nos habla de la autodisciplina, de aprender a priorizar y a detectar lo que es importante para nosotros. También nos invita a distinguir lo urgente de lo necesario.

Éstos y otros elementos de la gestión del tiempo me parecen estupendos siempre y cuando no deriven, como a veces sucede, en una cultura del exceso, que es cuando creemos que entre más hagamos mejor estamos aprovechando el tiempo. Esta confusión nos ha llevado a un apego malsano a las tareas y al hacer compulsivo lo que se refleja en las denominadas multitareas, que significa hacer de todo al mismo tiempo: responder un mensaje, oír un podcast, limpiar la casa, atender a la familia, etc., etc., etc., todo de forma simultánea.

Es desgastante, y sin embargo muchas personas se sienten orgullosas de ser buenas realizando multitareas. Ian Price, autor de Lo que bien empieza, bien acaba (Paidós), nos habla de cómo existen estudios que muestran que nuestro cerebro NO está diseñado para hacer varias actividades al mismo tiempo; esto sobre todo con tareas cognitivas complejas que requieren cierto grado de atención.

El asumir como dogmas las ideas en torno al rendimiento del tiempo nos conduce a implicarnos en un ritmo frenético que, en vez de aportar calidad y bienestar a nuestras vidas, nos deja exhaustos y bastante alienados y aturdidos.

Por esa razón, el tiempo —visto desde el ámbito de la planificación y la organización— debe tener como enfoque el que podamos sentirnos más serenos, que disfrutemos de nuestras labores y que las llevemos a cabo con una calidad que nos aporte a nosotros y a los demás. La planificación bien entendida puede conducirnos a la sencillez. ¡Y eso es buenísimo! ¿Sabes por qué? Porque en lo sencillo está la plenitud.

No soy para nada una experta en organización. Al contrario, muchas veces he tenido que recurrir a estrategias de profesionales en el tema para poner un poco de orden en mi vida. Por ello, aquí no voy a darte consejos sobre cómo gestionar mejor tu tiempo; es más, si tienes algún tip sobre ello, ¡por favor, házmelo saber!

Mi intención en estos párrafos es simplemente compartirte mi experiencia con este tema, para que no te suceda como a mí y te veas agobiado por la imposibilidad de cumplir a rajatabla con tu planificación y agenda.  Desconfía de todo sistema de organización que quiera mantenerte ocupado todas y cada una de las horas de tu vigilia.

Aunque parezca broma, he escuchado a motivadores promover el dormir menos horas que “tu competencia” para sobresalir en tu campo. ¡Que alguien les hable, por favor, de las funciones reparadoras y vitales del sueño! Por fortuna, la mayoría de métodos de organización que he conocido no apuestan por estas insensateces; es más, te dicen que debes asignar tiempo al ocio y al descanso, pero es difícil que nos tomemos en serio esto si no hemos aprendido a cuestionar lo que nuestro sistema de producción exige de nosotros y de nuestro tiempo. Digamos que en el plano consciente podemos tenerlo claro, pero es un problema cuando nuestras creencias inconscientes están todas a favor de la cultura del exceso.

Cuando experimentamos insatisfacción por toooodo lo que no estamos logrando, por lo poco que hacemos, conviene hacer una pausa —yendo en contra de todos nuestros deseos de hacer más— para interrogarnos acerca de las nociones de efectividad, producción y competitividad que la cantaleta que exalta las virtudes del trabajo nos cuenta. Todo el elogio a la velocidad y al trabajo debe ser contrarrestado con una digna apología de la lentitud y el tedio. ¡Y en realidad hay autores y filósofos que lo han hecho! De la importancia de bajar el ritmo, de darnos pausas y hasta del propósito del tiempo en un sentido más existencial, hablaremos en próximas entradas.

De momento, me gustaría sugerirte unas cuantas preguntas:

  • ¿Cuántas de las tareas que realizas en tu día a día son para ti un fin en sí mismas y no sólo medios para lograr algo más?
  • ¿Por qué crees que procrastinamos? ¿Crees que el acto de procrastinar pueda estar enviándote un mensaje acerca de ti o del trabajo al que estás abocándote?
  • ¿Cuál es la razón de ser de las tareas que ocupan la mayoría de tus días? ¿Cuáles te gustaría descartar y por qué? ¿Qué actividades pondrías en su lugar y que ahora no haces por “falta” de tiempo?
  • ¿Cómo te sientes cuando no logras cumplir con tu agenda?

Hacerme estas y otras preguntas de vez en cuando me ayuda a ser consciente de mi relación con el tiempo y los deberes. A veces, llegas a respuestas que no te gustan, pero eso es bueno, porque así puedes deshacerte de nociones que sólo te están causando intranquilidad. ¿Cuál es tu caso? ¿Será que, inadvertidamente, has pactado con tu propio hombre gris?

¡Hasta la próxima y feliz instante, mentes soñadoras!