Escritura terapéutica: Gratitud

Toda rendición nos lleva a la gratitud: en nuestro pecho empieza a florecer algo que nos hace sentir bien, que nos dice que todo está sucediendo como tiene que suceder y que nos invita a mirar de nuevo nuestra vida.

Núria Guinart

La Escritura Terapéutica (ET) es una herramienta con funciones benéficas como la catarsis, la introspección, el autoconocimiento y el desarrollo de la creatividad. Estas funciones comparten como raíz el hecho de que la escritura nos permite ser más conscientes de nosotros mismos: de nuestras creencias, aspiraciones, emociones, temores, recuerdos, opiniones, prejuicios, el estado de nuestros vínculos con quienes nos rodean y de nuestro entorno en general.

La Escritura Terapéutica me ha acompañado desde que era niña. Comencé a escribir solo porque sí, porque lo disfrutaba, sin entender lo que ocurría durante ese proceso de ponerme en palabras. Sin embargo, desde hace algunos años, gracias a la información que profesionales y practicantes de la ET han compartido, he llegado a entender más en qué consiste este tipo de escritura. Así, como practicante, deseo exponer mis experiencias con la ET para aportar un granito de arena a quienes se inician en este ejercicio.

Ahora veo que, cuando niña y adolescente, mi escritura estuvo dirigida sobre todo a cumplir una función catártica y de autoconocimiento, de la que hablaré en una próxima entrada. En esta ocasión, quisiera enfocarme en la escritura que tiene como propósito expresar nuestra gratitud, en reconocer los motivos que tenemos para sentirnos agradecidos… Pero ¿tenemos razones para dar gracias?

Éste es el primer obstáculo al que suelen enfrentarse quienes comienzan a practicar este tipo de Escritura Terapéutica. Al menos a mí así me sucedió (y, en ciertos momentos, todavía me pasa). Ante la hoja en blanco, me entraba una bloqueo, y en mi cabeza una vocecilla invariablemente cuestionaba: «¿Agradecer? Pero ¿de qué puedo dar gracias si a mí lo que me sobran son problemas?». Es importante no permitir que este tipo de bloqueos se conviertan en una fuente de frustración. Al fin y al cabo, estamos intentando propiciar un cambio de mentalidad. Si tuviéramos suficientemente integrado el tema del agradecimiento, te aseguro que este ejercicio carecería de importancia.

Es interesante reparar en lo común que es este bloqueo. Me parece que eso habla de los hábitos mentales que hemos desarrollado social y culturalmente. ¿Por qué será que nos queremos deprimidos y pesimistas? ¿Será que hay un beneficio en esto? Tema para explorar en otro momento, sin duda.

Ahora bien, ¿cómo abordamos ese molesto bloqueo del que hemos hablado antes? Aquí quisiera compartir una estrategia sumamente efectiva para desarmar a la mente «desagradecida» y proclive a las quejas. Esta técnica, llamada «sustracción mental» es expuesta por Rolf Dobelli en El arte de la buena vida (México, Paidós, 2018), y su función es la de permitirnos cobrar conciencia de nuestra felicidad. Al final, el agradecimiento nos recuerda los motivos que, por azar o por mérito, tenemos para sentirnos bien con nosotros mismos y con nuestras circunstancias.

Según Dobelli, lo primero que debes hacer es preguntarte lo siguiente: «¿Cuán feliz me siento con mi vida en general?». Contesta asignando un número entre 0 y 10, donde 10 equivale a «extasiado» y 0 a «absolutamente infeliz». El autor continúa:

Cierra los ojos. Imagínate que hubieras perdido el brazo derecho. Tu hombro se redujo a un muñón. ¿Cómo se siente eso? ¿Hasta qué grado se te dificulta la vida por tener un solo brazo? ¿Cómo vas a comer, teclear, andar en bicicleta? ¿Cómo vas a abrazar a alguien? Ahora imagínate que también perdiste el brazo izquierdo. No tienes manos. No puedes sostener nada, tocar nada, acariciar nada. ¿Cómo te sientes? En tercer lugar, imagínate que, adicionalmente, hubieras perdido la vista. Aún puedes escuchar, pero jamás volverás a ver un paisaje o el rostro de tu pareja, de tus hijos o tus amigos. ¿Cómo te sientes?

Para que el ejercicio surta efecto, es necesario implicarnos de verdad en estas visualizaciones, aunque sólo sea por un momento. Una vez que lo hayas hecho, pregúntate otra vez: «¿Cuán feliz me siento con mi vida en general?». Ten por seguro que ahora asignarás un número más alto.

Yo suelo utilizar este ejercicio en escenarios que implican otros ámbitos de mi vida además de la salud física: el trabajo, la familia, los amigos, el dinero, la salud mental, etc. No importa qué tan mala sea mi perspectiva sobre una situación, cada vez que llevo a cabo la «sustracción mental» los motivos por los que estar agradecida vienen a mi conciencia, generándome una nueva perspectiva e impulso para lidiar con cualquier escenario.

Este ejercicio, y en general cualquier forma en que se practique la gratitud, nos ayuda a enfocarnos en aquello que es importante, que es motivo de alegría y que, muchas veces, lo ignoramos por estar concentrados en lo que nos falta, en las expectativas no cumplidas, en los obstáculos. Unos minutos al día para pensar en lo que tenemos pueden marcar toda la diferencia.

El cómo llevar a cabo este hábito dependerá de tus necesidades, de qué tan acostumbrado estés a la escritura, de tus tiempos y del momento de vida que estés atravesando. (Sin duda, hay épocas en las que nos hace más falta que nunca ser conscientes de lo bueno). He aprendido que lo mejor es alejarme de la rigidez y adaptar la práctica a mis variables necesidades. Es importante mantenerla como una actividad placentera y no como una obligación más que «debo» cumplir.

Si vas comenzando y aún no te sientes tan amigo de las páginas en blanco, unos pocos minutos para escribir 3 cosas por las que estar agradecido cada día serán un excelente punto de partida, y desde ahí podrás hacer las modificaciones que vayas sintiendo. En mi caso, actualmente dedico al menos 20 minutos para  escribir con total libertad sobre todo aquello por lo que me siento agradecida.

¿Cuál es el mejor momento para realizar este ejercicio? Esto también requiere realizar diferentes pruebas para descubrir lo que más se ajusta a tus circunstancias. Lo mejor es no atarse a horarios y rutinas rígidas, pero sí mantener la constancia en la práctica en sí, pues ello es indispensable para experimentar los resultados.

Muchas personas prefieren agradecer en las primeras horas, puesto que es una muy buena manera de empezar el día con la energía alta. Otras prefieren hacerlo a mediodía o por la tarde, cuando ya han realizado sus tareas prioritarias y tienen su mente libre de pendientes y obligaciones. Algunos más —y en ese grupo me encuentro yo, al menos por ahora— preferimos la noche. Para mí, la ventaja de expresar mi agradecimiento de forma consciente antes de dormir es que me brinda una adecuada disposición para descansar y conectar con mis sueños de la noche.

Por cierto, dentro de la Escritura Terapéutica, plasmar los sueños a primera hora de la mañana es otra excelente forma de conocernos a nosotros mismos. Es una de las formas de la ET que más me ha aportado. De las posibilidades y estrategias de la escritura de los sueños de la noche hablaré muy muy pronto.

¡Feliz instante, mentes soñadoras!

Nuestro ser tiende a la paz

Nuestro Ser tiende a la paz… No me refiero a la tranquilidad esporádica que, ocasionalmente, experimentamos en nuestro andar por esta vida. Esa tranquilidad que disfrutamos sólo cuando las cosas del mundo se corresponden con nuestros deseos, conscientes o inconscientes. Esa tranquilidad o felicidad que sentimos cuando los otros se están portando como creemos que deben comportarse.

Después de un tiempo de andar por este mundo, aprendemos que ésos no son sino estados pasajeros, superficiales, que a veces ni siquiera somos capaces de disfrutar en verdad porque, bien lo sabemos, no tardarán en abandonarnos. Así, los vivimos en una continua alerta esperando su final.

Y, aun así, nuestro Ser tiende a la paz…

Muchos filósofos y pensadores se han ocupado de reflexionar sobre nuestra negativa a aceptar el sufrimiento. Al final, resulta que no somos las ranas de aquel experimento cruel que se acostumbraron a estar en un agua tan ardiente que acabaron muriendo abrasadas. No lo somos porque nuestro Ser tiende a la paz y sólo ahí nos reconocemos.

¿Cómo hacer compatible este deseo de serenidad con nuestro paso por un mundo que nos da testimonio una y otra vez de que la paz duradera no es posible? ¿Será que somos unos neuróticos que se rehúsan a aceptar lo que es? Pero es que nuestro Ser tiende a la paz… Y entonces, ¿no será la verdadera demencia resignarnos a estar en un lugar que, al parecer, nada tiene que ver con nosotros?

Las especulaciones filosóficas pueden ser interesantes y hasta divertidas. ¿Necesarias? Eso no lo sé. Son muchos los senderos que nos pueden conducir al interior de nosotros, a ese no lugar donde nos (re)conocemos. Lo cierto es que en el fondo ya lo sabemos, aunque con frecuencia lo olvidamos: nuestro ser tiende a la paz. Es paz. Ésa y no otra ha de ser la meta de nuestro aprendizaje.